¿puedo sola?

El trabajo que realizamos en las sesiones individuales suele parecerse a un camino sinuoso, repleto de picos y de valles. Hay tramos luminosos y otros más confusos, momentos de claridad y otros de aparente estancamiento. Es habitual que aparezca la sensación de “no avanzar”, y aun así, es precisamente en estos tramos donde se produce la transformación más profunda.

Cuando eliges ser paciente contigo misma y te permites recorrer los valles, algo dentro empieza a reordenarse.

Hoy te quiero contar la historia de una mujer a la que llamaré Ane y a la que tengo el privilegio de acompañar en un proceso de cambio muy profundo.

Ane es una mujer inteligente, muy agradable en el trato, empática, respetuosa y educada. Tiene facilidad para conectar y bucear dentro de sí misma y eso ha contribuido a que este trabajo juntas sea muy gratificante.

Cuando comenzamos su proceso hace seis meses, Ane se definía como una persona muy activa, con necesidad constante de hacer cosas :deporte, planes, actividades…Además se describía como profundamente autosuficiente.

Esa autosuficiencia no sólo era percibida por ella, sino también por todo su entorno. En su familia contaban con ella para prácticamente todo, y en su trabajo era habitual que, además de hacerse cargo de sus responsabilidades, asumiera también tareas de otros compañeros a los que veía saturados, incluso cuando ella misma lo estaba.

Ane: Creo que ser autosuficiente es un valor importante y una cualidad admirable y me va a resultar difícil verlo de otro modo. 

Yo:  Lo es, es un valor muy valioso, pero como todo lo que se vuelve rígido e inflexible, también puede llegar a ser dañino.

Un día, una lesión importante lo cambió todo. De repente tuvo que parar. Y en ese freno obligatorio descubrió algo incómodo pero revelador: necesitaba pedir ayuda para TODO. Las actividades que la mantenían distraída dejaron de ser una opción, y la baja laboral la enfrentó directamente con su mundo interior.

En medio de esa sacudida interna, y guiada por su compromiso de mirarse con honestidad, ternura y responsabilidad, comenzó algo esencial: la reconstrucción de su autoestima a través de un verdadero autocuidado.

 

En este proceso Ane ha empezado a mirarse a sí misma y a su propia su historia con otros ojos:

Quizás ahí reside la verdadera fortaleza:

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