inseguridad

Vulnerabilidad – Parte I

Regresa a ti…

Tal y como te contaba en la anterior entrada, un recurso muy útil que te puede ayudar en  esta situación de crisis por el Covid 19 consiste en realizar el ejercicio de darnos cuenta de los aspectos positivos que esta circunstancia puede aportarnos. Simplemente hemos de querer mirar, y así poder extraer ese néctar.

Sacar lo positivo de lo negativo no resulta para nada una tarea sencilla ¿Qué puede ser lo positivo de sentirme tan vulnerable y tan frágil?…  Es la pregunta que estos días me he estado haciendo estos días a mí misma…

Para mí, supone un gran desafío conectar con las sensaciones que estas emociones me provocan. No me resulta fácil permanecer ahí, tan a flor de piel… Tan expuesta emocionalmente, tan “ridícula”… Todo un reto teniendo en cuenta mi tendencia tan marcada, por tantos años de entrenamiento, de querer quitarme cuanto antes estas sensaciones de encima, y de pelearme con ellas.

Esta situación de confinamiento nos priva de las famosas distracciones y vías de escape. No existe esa escapatoria exterior. Tan sólo hay una salida, en realidad es la salida:

Regresar a mí, para volver a conectar conmigo, y encontrar el amparo y el sostén de mis emociones dentro de mí misma.

El  autoconocimiento me  permite captar los entresijos de mis procesos mentales y emocionales, de modo que no tardo demasiado tiempo en ser consciente de lo que me ocurre.  Entonces tomo la decisión de  “sentarme  junto a estas sensaciones”, y  atenderlas. Es así como no entro en bucle, ni me dejo arrastrar por ellas.  No se quedan atrapadas en mí, y enseguida dan paso a otras sensaciones más amables.

A pesar de estos momentos de caos emocional, y gracias a ellos, estoy extrayendo muchísimos aprendizajes de esta situación.  Esta es la parte positiva de la que te hablaba, y quiero invitarte a que tú también indagues sobre este aspecto. Estoy convencida de que lograrás encontrar magníficas perlas.

Además, está crisis que vivimos me está permitiendo nutrir una de mis mayores fuentes de satisfacción y motivación: el aprendizaje y el conocimiento sobre el objeto de mi especialización como psicoterapeuta: el miedo.

Y la mente habló y dijo:

Háblame de mi miedo.

El corazón contestó: Tu miedo es el origen de tu ira y de tu odio. Tras la miríada de tus miedos está el miedo a sentir. Este miedo se adhiere a otros muchos miedos: al miedo de perder la vida, tu identidad, tu seguridad, tus posesiones, y el miedo de perder el control…

Desintoxica tu corazón. Valerie Mason-John

En los medios de comunicación, y en las redes sociales, observo cómo una misma realidad produce muy diferentes reacciones en cada uno de nosotr@s: la crisis ha accionado en botón del Miedo, y éste se manifiesta de muy diversas maneras.

Existen personas que entran más fácilmente en contacto con su ira, y por eso muestran su cabreo volcándolo en el gobierno, o contra los vecinos insolidarios…contra la OMS… Otras personas conectan más con sentimientos de  desesperanza y preocupación…Otras muestran su lado más frágil y vulnerable… Otras conectan con la gratitud, y deciden irse al lado bello de la vida compartiendo paisajes naturales, actos solidarios que muestran la grandeza de las personas, cultura…

Diferentes frutos de una misma semilla. Un magnífico crisol de reacciones que tod@s podemos activar en un momento dado aunque, por regla general, cada un@ tenemos más facilidad para conectar con una emoción en concreto, que a su vez acciona un tipo de respuesta determinada ¿Con cual estás conectando tu?

Como canción final he elegido esta de Zaz. Espero que conectes con ella. Nunca mejor dicho, y que te inspire tanto como a mí…

Una pausa para el mundo

Una enseñanza para la vida…

Cuando decidí comenzar a estudiar a fondo el mecanismo del MIEDO como emoción primaria, las reacciones tanto a nivel físico como psicológico que genera, así como las consecuencias que el hecho de no aceptarlo ni afrontarlo tienen en nuestra vida, jamás imagine que nos tocaría vivir una situación como la actual en la que como en tantas otras ocasiones, la realidad está superando a muchas de las apocalípticas ficciones que hemos podido ver en la gran pantalla.

El miedo y sus derivados: preocupación, incertidumbre, inseguridad, ansiedad, temor… forman parte del sombrío paisaje emocional que estamos contemplando estos días de confinamiento por el coronavirus.

Lamentablemente hay muchísimas personas que se están enfrentando a situaciones de un impacto emocional brutal. Otras que han de convivir a diario con el miedo de ser contagiadas. Otras que se enfrentan al doloroso hecho de la muerte de un ser querido, del que ni tan siquiera pueden despedirse, y empezar a elaborar su duelo…

Sin duda, son tiempos nuevos y difíciles en los que tenemos que convivir con sensaciones incómodas, en los que este necesario confinamiento nos está privando de aspectos tan vitales como pueden ser la necesidad de contacto social, y la percepción subjetiva de libertad. Y todo ello en el marco de una sociedad hiperestimulada, hiperocupada, hiperhedonista y, sobre todo,…hiperdesconectada de sí misma!

Las ajetreadas vidas que llevamos en un mundo sin pausas no parecen darnos tiempo para sentir, especialmente sentir lo que no es placentero, de modo que damos la espalda a eso que sentimos anestesiándonos, disfrazándolo, o suprimiéndolo.

Sé que no te descubro nada si te digo que hacer eso es como tratar de hundir un balón de playa en el agua, ¿verdad? Sabes que éste permanecerá hundido mientras ejerzas presión sobre él, y en cuanto te relajes saldrá impulsado hacia la superficie. Lo mismo ocurre con nuestras emociones: si las reprimimos y no dejamos que se expresen, saldrán de una u otra forma, pero de maneras más toscas y perjudiciales para nosotr@s, y para las personas que tenemos cerca.

Quien más y quién menos habrá notado estos días mayor inquietud, mayores niveles de ansiedad, mayor aburrimiento… Además, han desaparecido nuestras vías de escape más socorridas cuando la ansiedad, el vacío interior, el miedo viene a visitarnos: ir de cañas, ir de compras, quedar con gente, “machacarnos” en el gimnasio, pasarnos largas jornadas en el trabajo, salir de fiesta… Con esto no quiero insinuar que no esté bien estar entretenido en el afuera, ni que te diviertas, o vayas tras lo que te motiva. Es genial! El problema surge cuando para escapar de nosotr@s mismos nos perdemos en ese “afuera”, y esperamos que la ansiada felicidad nos llegue por esa vía.

Ahora el coronavirus nos ha puesto frente al espejo, y no nos queda más remedio que estar ahí con nosotr@s. ¿Y qué me pasa si estoy conmigo mism@? ¿Qué es lo que siento en mi interior? ¿Qué es lo que aparece? Necesitamos atender y estar en contacto con el malestar, o la insatisfacción que vive en nuestro interior, es la única manera de lograr que estás sensaciones se disipen y para que la calma y la paz interior puedan fluir.

Dentro de las muchas frases inspiradoras que podemos encontrar en los archivos de la psicología positiva, me ha llegado una, que me parece interesante tener en cuenta estos días que estamos viviendo. Reza así:

Toda crisis tiene tres cosas: Una solución, una fecha de caducidad y una enseñanza para la vida.”

Y ahora nos toca parar. El mundo ha parado. Y esto nos puede brindar una oportunidad de oro para que volvamos hacia nosotr@s mism@s, si es que alguna vez lo estuvimos, en contacto con nuestras emociones enterradas, con nuestros vacíos interiores, con nuestras sensaciones incómodas. Es una enorme oportunidad de autoconocimiento, y de autodescubrimiento.

Esta entrada es una invitación para que, en tiempos de crisis como los actuales, podamos adquirir esa enseñanza a la que alude la frase.

Comienza a meditar si aún no lo has hecho ya. Es la herramienta que te llevara de vuelta a ti mism@, a la calma mental, y a la paz interior.

Y si esto de la meditación te parece algo demasiado difícil, o no es tu momento, puedes empezar con algo muy simple: realiza varias pausas a lo largo del día, haz tres respiraciones profundas, y conecta con la sensación que habita en esos momentos en tu interior. Haciendo estas pausas a lo largo del día empezarás a familiarizarte con las sutilezas de tu mundo interior, y algo en tu vida empezará a cambiar.

Como dice Sting, deja que tu alma te guíe…

¿Quieres aprender a volar?

Yo te acompaño…

Han pasado bastante años desde que empecé a dar forma a mi proyecto  profesional que hoy renuevo, y que estoy emocionada de poder compartir contigo.

Un día cualquiera, hace ya tiempo, encontré una frase con la que me sentí muy identificada ya que metafóricamente definía el objetivo de mi profesión: “Aprende a volar”. Y así ha estado acompañándome hasta ahora a través de la marca que creé para ayudar a las personas “a volar”: Coaching y más.

Otro día también cualquiera, en una tienda de antigüedades, descubrí  un objeto que también me inspiró: una jaula.  La compré y decidí darle  un lugar destacado y visible de mi despacho, con su puerta entre abierta,  como un gesto también metafórico de la libertad que conseguimos cuando

nos liberamos de las cargas emocionales que vamos arrastrando, y que nos impiden ser quienes realmente somos.

 Después de toda la experiencia acumulada a lo largo de estos años en los procesos que he acompañado, la mayor parte a mujeres, así como de mi propio proceso personal, me he dado cuenta de la existencia de un factor común y repetitivo en muchas de nosotras  que nos impide avanzar, y vivir una vida plena: el MIEDO. Un miedo profundo e inconsciente con consecuencias directas en la autoconfianza, en la autoestima, y en la insatisfacción en la vida en general.

De esta manera, he decidido renovar mis servicios para focalizarme  fundamentalmente en el MIEDO como emoción primaria, así como en todos los mecanismos de protección que activamos para evitarlo. Esto conlleva a que,  precisamente por evitarlo, desarrollamos bloqueos, fobias, ansiedad, baja autoestima y  diversas dificultades que se reflejan en muchas áreas de nuestra vida, especialmente en el ámbito de la pareja y el  desarrollo profesional.

Además, he  decidido cambiar la marca que venía utilizando  hasta ahora de ”Coaching y más” por la mía personal, Maite Villabeitia, dado que mis clientes me conocen y me referencian por mi persona, y tengo la suerte de tener su reconocimiento a través de testimonios preciosos y sinceros que me han ido dejando a lo largo de los últimos años.

Y por último, otro cambio que he introducido con mi nueva marca personal,  es que la mujer, y todo su universo psicológico, va a ser el público al que voy a dirigirme principalmente a partir de ahora, al ser el área en la que mayor experiencia y conocimiento poseo.

Así que hoy es un día muy especial para mi, dado que estreno mi nueva marca y mi nueva web, www.maitevillabeitia.com, y este renovado blog al que te doy la bienvenida, y al que te animo te suscribas para que estés al día de las reflexiones que quiero compartir contigo  en torno al miedo, la inseguridad y otros problemas derivados de tener una autoestima baja, así como de lo que podemos hacer para tener el control de nuestra propia vida.

Con este enfoque renovado, he desarrollado además mi propio método de trabajo: “Aprende a volar”, el cual me servirá de guión en los talleres que facilitaré a partir de ahora, y en mis  sesiones de trabajo para agilizar el proceso de recuperación de la  libertad, el  poder y la plenitud.

Y como banda sonora de mi metodo “Aprende a volar” he elegido esta canción de Nina Simone, “I wish how i knew it would feel to be free”. Aunque Nina se refiere a otro tipo de libertad,  tanto la esencia de la canción, como  la fuerza de su interprete, me cautivan:

Y es que tengo el convencimiento de que cada uno de nosotr@s estamos en este mundo para tocar nuestra propia música, y para bailar nuestro propio y genuino ritmo, en lugar de la música y los ritmos que otros nos han inculcado, o impuesto.

Nuestra responsabilidad es descubrir cuales son las notas que conforman nuestra música, y sentirnos libres para tocarla.

Si tú también sientes que estás atrapada en tu propia jaula, y quieres salir pero no sabes cómo, en este espacio compartiré contigo reflexiones y recursos que te ayudarán a ponerte en marcha para…

¡Aprender a volar!

Parálisis por análisis

Una locuaz y encantadora clienta se presentó de esta manera en su primera sesión de trabajo conmigo: “Sufro de parálisis por análisis”. Era la primera vez que escuchaba esa expresión, y me quedé con ella de inmediato

Tanto por que me gusta a nivel sonoro, como porque esas dos palabras bastan por sí mismas sin necesitar de demasiadas explicaciones racionales sobre lo que a uno le sucede cuando sufre de este “mal”.

“Se que no quiero este trabajo pero no consigo dejarlo”… “No sé qué opción elegir,  un día pienso que una es la mejor y al día siguiente la contraria”…”Llevo ya seis meses mirando en internet cursos de formación”… “Sé que mi relación no funciona y me hace sufrir pero tengo tanto miedo a dar el paso”…”Y si me separo y no encuentro a nadie con quien compartir mi vida?

Son los ecos que resuenan  en las paredes de mi despacho, y que reflejan esos bloqueos que sufrimos cuando hemos dado demasiado espacio a nuestra mente para sopesar pros y contras, para contrastar, hacer balances, y demás  funciones que nuestro cerebro es experto en hacer. Y la consecuencia de tanto análisis es que nos quedamos paralizados sin saber hacia dónde dirigir nuestra energía.

Me entristece mucho contemplar como personas maravillosas con infinidad de recursos y potencialidades por desarrollar, y toda una vida de infinitas posibilidades,  pasan demasiado tiempo sin desplegar sus alas para volar todo lo alto que en lo más profundo de su ser desearían pero  el miedo a la incertidumbre que genera el cambio, por muy deseado y necesario que éste sea, les acecha.

Además en ocasiones creyendo que no son  merecedores de lo mejor para sus vidas,  se quedan instalados en la mediocridad. Y en la mayoría de los casos, el apego a lo cotidano, hace que se aferren a ese odioso dicho popular que reza así: más vale lo malo conocido que lo bueno por conocer…

No es casualidad que llamen a mi puerta personas que padecen este mal, dado que es un viejo conocido para mí, y al parecer, atraigo a los que como yo se han propuesto mirar al miedo a la cara con valentía, tomarlo de la mano para poder superarlo, y practicar el desapego de viejas creencias que nos limitan nuestras infinitas posibilidades de crecimiento.

De este modo, siempre comenzamos del mismo modo: apaga ya tu mente y enciende tu alma que comenzamos a trabajar!

Y finalizamos con estas líneas:

 Tu eres más fuerte que tus miedos.

Tus fuerzas son mayores que tus dudas.

Aunque tu mente esté confundida,

tu corazón siempre sabe la respuesta.

Con el tiempo, lo que hoy es difícil

mañana será una conquista.

Esfuerzáte por lo que realmente te llene el alma.

Y ten la virtud de saber esperar.

Porque todo lo que tiene que ser será.

Anónimo.

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