autenticidad

Hoy no soy yo

Esta mañana, mientras caminaba por la playa, en mis auriculares  sonaba la canción de Jarabe de Palo,  Hoy no soy yo. Pau Donés se lamentaba en la letra, y al escucharla, inevitablemente, un montón de preguntas han comenzado a agolparse en mi mente: “¿Solamente hoy no lo sabes? A caso ¿Eres realmente tú alguna vez? ¿Sabemos quiénes somos realmente?”  E incluso una más profunda:  “¿Y si esa que creo ser no es más que una construcción? ¿Algo así como un personaje que he ido construyendo desde que era una niña para adaptarme a lo que creía que se esperaba de mí?”

Como psicóloga que realiza terapia para mujeres, una de las preguntas que siempre formulo cuando recibo en mi despacho a una mujer por primera vez, tiene que ver con sus expectativas: “¿Qué esperas conseguir ? ¿Qué necesitarías sentir si iniciásemos un proceso de trabajo juntas?”

Recibo respuestas de todo tipo, pero hay una, que suele repetirse con mucha frecuencia y está relacionada con el tema de la canción:

Quiero volver a ser yo mismaquiero recuperar mi esenciaquiero volver a ser la de antesser espontánea.

Para lograrlo debemos comenzar por el principio. Debemos desandar parte del camino recorrido, en el que muchas de nosotras nos hemos ido adaptando tanto a lo que se esperaba de nosotras, que nos hemos desconectado de quienes somos verdaderamente y de lo que necesitamos. Y después será necesario iniciar una nueva trayectoria: La de la autenticidad.

Un camino retador, sin duda, pero para mí el único posible si deseas en lo más profundo ser tú misma.

Elegir el camino de la autenticidad para cultivar una autoestima sana

¿Te animas a tomarlo?

Y es que independientemente de cuáles sean nuestros malestares, existe un anhelo profundo en muchas de nosotras que está relacionado con ser lo más auténticas que nos resulte posible.

Esas pesadas cargas

Ilustración de María Guadarrama

Hace algún tiempo escribía una entrada que llevaba por título “¿En qué momento te convertiste en la niña buena?” en la que, de algún modo, describía un perfil de mujer que tengo bastante identificado.

Es la niña buena, dócil, complaciente, atenta y solícita, la que descuida sus necesidades para agradar y obtener la aprobación de los demás, la que no se permite desviarse de lo que la moral y las normas socioculturales dictan, la que tiene un dialogo interno demoledor y un nivel de autoexigencia desmedido, la que se echa sobre sus espaldas cargas que no le corresponden… Se trata de un patrón que está muy activo en la mayoría de mis clientas.

En aquella entrada pasé por alto un aspecto sobre el que hoy me quiero detener a reflexionar, ya que sin duda es otra de sus fatales consecuencias:

¿Por qué cargamos con asuntos que no son nuestra responsabilidad? ¿Por qué aguantamos situaciones que no son buenas, y que sabemos que nos hacen daño en nombre del amor? ¿Por qué nos cuesta tanto poner límites?

No sólo son factores de tipo psicológico los que pueden ofrecer respuestas a estas cuestiones, sino que los condicionamientos sociales, culturales, religiosos y morales asociados al género femenino ejercen una poderosa influencia en torno a todo aquello que se espera de una mujer.

Sacrificio… abnegación… entrega… recato… belleza… receptividad… renuncia… Seguro que se te ocurren más factores para añadir a esta lista negra de lo que nos hace “ser dignas de…”.

Precisamente uno de los retos de lo procesos procesos terapéuticos es romper esta dañina y absurda asociación que tiene que ver con que el sacrificio, de alguna manera, dignifica.

Es urgente que aligeres tu mochila para que puedas:

  • Recuperar tu esencia salvaje y auténtica.
  • Caminar libre de culpa.
  • Ocuparte de lo que SÍ es tu responsabilidad.

Y…volver a ti!!!!!

Vulnerabilidad – Parte II

Autenticidad …

Una clienta con la que trabajé hace ya muchos años, y a la que aprecio y admiro mucho, me envió este texto tan oportuno de Murakami, justo cuando escribría esta nueva entrada:

Y es que de eso se trata. De que la persona que surja de ti tras esta tormenta no sea la misma que era antes de ella.  Estoy profundamente convencida de que no lo será si te permites entrar en contacto con tu  propia vulnerabilidad, adentrarte en ella sin bloquearla para que la parte más bella y auténtica que habita en ti pueda ver la luz, sin miedo de resultar dañada.

En mayor o menor medida tod@s tenemos acumuladas, y por lo tanto atascadas, muchas experiencias dolorosas relacionadas con la propia vulnerabilidad. Experiencias en las que nos pudimos sentir avergonzad@s, atacad@s, rechazad@s, abandona@s…no vist@s… Las cuales en su inmensa mayoría tuvieron lugar en las etapas de nuestra vida en las que más vulnerables éramos, como son la infancia, y la adolescencia. Así fue cómo comenzamos a asociar erróneamente  la vulnerabilidad con la debilidad y/o el sufrimiento.

Y de este modo también comenzó a formarse nuestra sombra: ese lugar de nuestro inconsciente donde desterramos todo lo traumático, lo negado… Comenzamos también a levantar muros de protección y corazas defensivas. Mecanismos, también inconscientes, que aparentemente nos protegen de aquello que no podemos ver porque nos resulta intolerable.

…y empezamos a Insensibilizarnos.  

El problema de estas estrategias defensivas es que no es posible aislar tan sólo las emociones desagradables sin insensibilizar también las agradables, es decir, no puedes reprimir selectivamente  la tristeza, el miedo, la vergüenza, la vulnerabilidad, y todo aquello que no te gusta sentir ni experimentar… sin hacer lo mismo con otras emociones más agradables como la gratitud, la dicha, el amor…En definitiva, te deshumanizas.

La vulnerabilidad es el lugar de donde nace la innovación, la creatividad y el cambio.

Brené Brown

Es la semilla de la que brotan estos estados emocionales:

… pero también estos otros:

Y aquí tenemos la respuesta a la pregunta que te planteaba en la anterior entrada: ¿Con qué emoción conectas en estos momentos en los que la pandemia nos está colapsando? Y te diré que tanto si te sientes enormemente cabread@, con miedo y/o inseguridad, o por el contrario rebosas creatividad, tienes una profunda conexión y sentido de pertenencia, y estás agradecid@ por la vida y la salud que tienes… el origen de todas tus emociones es el mismo: has conectado con tu parte más vulnerable y preciada.

Deja de tener miedo a tu propia vulnerabilidad. Protégela cuando sea necesario protegerla, porque en muchas ocasiones el mundo resulta ser un territorio hostil, pero abre esa valla, para que pueda brotar lo mejor de ti: tu autenticidad

Te invito a ver esta charla de Brené Brown, y a que apuestes por ti y por tu poder:

El sofá de la autenticidad

IMG_0039En muchas ocasiones a lo largo de mi vida me he visto enfrascada en disertaciones  pseudofilosóficas relacionadas con lo que  para cada uno de nosotros representa la  “condición humana”.

Diversos contextos, diversas personas, diversas etapas… con una misma conclusión más o menos generalizada por parte de muchos de mis contertulios,  que  iría en sintonía con  aquella célebre frase de Hobbes  que reza: “el hombre es un lobo para el hombre.

A menudo me he sentido algo sola cuando surgen este tipo de batallas dialécticas, ya que comulgo más con lo que proponía Rousseau acerca de que “el hombre es bueno por naturaleza, y que es la sociedad la que lo corrompe.”

Algunos ven cierta  inocencia  e ingenuidad en mi visión, a otros les parece  que no he visto lo suficiente aún, y otros bromean llamándome Heidi.

Probablemente, las tres apreciaciones sean ciertas y probablemente también, sea cierto que el haber  tenido el privilegio de asomarme al universo interior de bastantes personas haya afianzado en mí esta  visión que tengo del ser humano, y es  que por el momento aún no me he encontrado con ningún lobo de esos a los que se refería Hobbes.

El modesto sofá “made in ikea” de mi despacho contribuye enormemente a reafirmarme en esta postura que sostengo desde que estudiaba filosofía en la universidad. Y es que cuando una persona se sienta en él, y acepta la invitación que yo le hago de darse el permiso de ser y mostrarse tal cual es, lo que aparece en escena es, a lo sumo, siguiendo con la metáfora, un lobo confuso y  herido que no quiere mostrar abiertamente sus heridas  intentando  taparlas, camuflarlas, negarlas,  o disfrazarlas… convirtiéndose, así, en alguien que no es realmente.

En el “sofá de la autenticidad”,  este personaje que inconscientemente hemos construido, creyendo que así seremos aceptados… amados… respetados… dignos de elogio… y otras tantas historias más, va perdiendo fuerza, y todos aquellos factores que contribuyeron a su construcción como los condicionamientos socioculturales y educativos,  ideas erróneas  y limitadoras acerca de  uno mismo, se van desprendiendo capa a capa.

A partir de este instante, es cuando podemos ir al encuentro de lo auténtico y real que habita en cada uno de nosotros, nuestra esencia.

Y aunque la filosofía y la metafísica tendrían mucho que aportar en estos intentos de definir cuál es  la esencia  del ser humano, personalmente  me quedo con la famosa frase del Principito  “No se ve bien sino con el corazónlo esencial es invisible a los ojos”.

Para terminar os dejo con un bonito vídeo que ilustra mi post de hoy

 

Qué vas ¿A dónde?

FullSizeRender“Que vas a dónde una coach… o psicóloga… o lo que sea….!!!!!  Pero… ¿Es que te has vuelto loca???!!!”

Si existiera la posibilidad de poner efectos sonoros en el blog, pondría algunos muy ruidosos para dar mayor énfasis a la perplejidad y extrañeza con la que una persona conocida de una clienta mía recibía la noticia de que su amiga había iniciado un proceso de coaching.

No es la primera vez que me trasladan este tipo decomentarios, que normalmente me los tomo a risa.  Pero en esta ocasión parece que el sentido del humor me ha abandonado, y siento que este tipo de reacciones, por desgracia tan habituales, me cabrean.

Ni la  ironía ni el cinismo suelen formar parte de mi estilo de comunicación, pero sólo por esta vez, me permitiré la licencia de hacerlo. Y es que al parecer debe ser de locos querer dejar de ir a ciegas por la vida. Tampoco debemos estar muy cuerdos los que  hemos dejado  de culpar a otros y asumimos la responsabilidad que cada uno tiene respecto a su propia vida. Y aquello de tomar decisiones, en lugar de que otros las tomen por uno, debe de ser el summum de la  insensatez.

Debemos estar enajenados cuando siendo lunes no deseamos a toda costa que llegue rápidamente el viernes, sino que preferimos vivir con intensidad y plenitud cada uno de nuestros días porque los consideramos un regalo. Es un verdadero disparate cultivar la autenticidad, en lugar de dejarnos arrastrar por la corriente. Es una auténtica barbaridad  mirar dentro uno mismo sin miedo,  cuando en su lugar podríamos anestesiarnos viendo cualquier programa de televisión, o teniendo conversaciones vacías con gente vacía… Podría seguir con una lista muy extensa de sinónimos de locura, pero creo que queda clara mi opinión al respecto….

No soy de esas personas que piensan que hemos de psicologizar todo, ni que todas las personas tendríamos que tener un coach, o ir a terapia,  ni llenar todo nuestro tiempo de ocio con actividades de crecimiento personal, ni mucho menos.

Soy de aquellas  que se mueven con mayor comodidad en los términos medios, y pienso que está muy bien tener conversaciones distendidas y sin demasiado fondo, que nos sirvan de distracción y, si nos hacen reír a carcajadas, mucho mejor. Soy la primera que se apunta. Pero también creo  que cuando nos azotan los vientos de la insatisfacción, la frustración, el autodesprecio, la incertidumbre, el miedo, el no saber…y todo ese repertorio de sensaciones no demasiado agradables, hemos de tener el coraje suficiente para reconocerlo y no mirar hacia otro lado y, si es necesario, acudir a donde un profesional que pueda acompañarnos, y aportar algo de luz en esos momentos.

A lo largo de mis años de experiencia he podido asomarme al universo  de  muchas  personas que me han concedido el privilegio de acompañarlas durante  un tramo de su camino. Y aunque  la parte investigadora que habita en mí  algún día hará un estudio con algo más de rigor, hace tiempo que constato muchas características comunes en todos ellos.

Son personas comprometidas con sus vidas, y que no se conforman con llevar vidas mediocres.

Son personas que saben que para sentirse llenos, tienen que empezar por aprender a  nadar en sus vacíos, como dice Vanesa Montserrat.

Son personas con una enorme capacidad de empatía, la antesala de la ética y de la justicia.

Son personas que han dejado de pelear contra la realidad, aceptando lo que sea que hayan de aceptar.

Son personas que tienen el enorme coraje de poner su vulnerabilidad en juego, como lo expresa Brené Brown, mostrándose reales y auténticos.

Son personas que no huyen, ni buscan distracciones para no ver, si no que caminan de la mano del miedo, y van al encuentro de sí mismas.

….En definitiva…. son personas que deben estar locas de remate…

 

 

Pensé que nunca…

 

FullSizeRender (1)

Pensé que nunca iba a enojarme con mis hijos. Y lo hice.

Pensé que jamás iba a discutir con mi marido enfrente de ellos. Y lo hice.

Pensé que a mí no me iban a tener que llamar cinco veces para que vaya a ver qué necesitan, pero me pasó.

No estaba en mis planes olvidar comprarles o conseguirles cosas para el cole. Y fallé.

No estaba en mis planes convertirme en una máquina de repetir lo mismo día a día, pero así soy hoy.

Pensé que iba a tener la misma cantidad de fotos de cada uno de mis hijos, pero no fue así.

Juré recordar cada momento de sus vidas, cada primer paso, primera comida, primera palabra, pero no pude.

Estaba segura de que jamás iba a llegar tarde a buscarlos en el colegio o en un cumpleaños, o llevarlos el día que no era con el uniforme incorrecto, pero lo hice. Todo lo hice.

Yo, la “súper mamá”, iba a encontrar siempre una palabra justa para las preguntas de mis hijos: no pude y muchas veces respondí “porque no”, “porque sí”, o “después vemos”.

Yo hoy no juzgo a otras, ni por buenas ni por malas. Porque cada mujer es un mundo y cuando se convierte en madre sigue siendo esa persona que era un minuto antes con toda su carga y, ahora, con la tarea de criar a esta persona tan especial.

Cada una lo hace a su modo, con sus formas y con sus tiempos. Todas aprendemos de todas, apoyándonos, con solidaridad, con comprensión, con amor. No juzgues a otras madres, así como no quieres que te juzguen a vos.

-Luciana Torres-

Seguramente en mayor o menor medida,  todas las mujeres que somos madres, yo incluiría a los padres también, nos podemos identificar con alguno de los párrafos de este texto. Sin embargo,  lo que me hace traerlo a este espacio tan querido para mí, no es  tan sólo el hecho de  compartir  historias  de expectativas no cumplidas e ideas preconcebidas que se desmoronan rápidamente en el momento en el que  la realidad se impone.

Y es que  la lista de esos “pensé que nunca…” puede ser mucho más extensa si abrimos el abanico a todas las  facetas que hemos de desempeñar en nuestras vidas.

A menudo me descubro echando la vista atrás con cierta nostalgia,  situándome en otras etapas de mi vida en las que  era una joven inocente que tenía una enorme confianza en las personas y en la vida, pero con bastante poco conocimiento de sí misma, y de lo que significa madurar,  y que seguramente jamás pensó que esta aventura que es vivir, iba a resultar en no pocas ocasiones una tarea muy ardua.

Mucha de aquella inocencia sigue intacta en mí, y la confianza también, me gusta que así sea y es algo que no quiero que cambie, al menos no demasiado. Lo que sí voy transformando, o al menos intentando ablandar, son todos esos “pensé que nunca…”

Mi trabajo me permite llegar al fondo de lo que esconden estas creencias, algunas conscientes, otras soterradas en lo más profundo de la psique pero haciendo su fastidioso trabajo. Y es que rascando un poquito detrás de muchas historias de insatisfacción personal aparece un mismo enunciado: …yo nunca hubiera pensado… que cada uno completa de muy diversas maneras…  que iba a llevar una vida tan aburrida o estresada, o sin sentido…que  iba a ser una mujer separada…nunca pensé que fracasaría…era un estudiante brillante y mírame ahora…no entraba en mis planes tener 35 años y vivir con mis padres…

Generalmente son historias de  expectativas, unas veces propias y otras de terceros,  no cumplidas, que nos llevan a pensar y a sentir que no somos lo  suficiente.

Lo suficientemente buenos…brillantes…guapos…inteligentes…delgados…eficaces…buenos padres…Cada uno podría poner sus adjetivos favoritos.

Es esa creencia la que nos lleva a nadar en un mar de juicios devastadores,  reproches,  exigencia, perfeccionismo extremo…Sin duda,  el mejor caldo de cultivo para la infelicidad.

Salir de este atolladero requiere en primera instancia  renunciar a ser  quien pensamos que deberíamos ser, o renunciar a la vida que pensamos que deberíamos llevar. ¿A caso existe alguna  ley  universal que establezca  que  el ser humano ha de ser perfecto? ¿Quién dicta los criterios de perfección? ¿Lo que es perfecto para ti coincide con lo que lo es para mí? Puede que sí, pero  también pueden no coincidir.

De esta forma, citando a René Brown,  hemos de tener el coraje de reconocernos   imperfectos. Sólo así  se abrirá ante nosotros una nueva senda por la que transitar con autenticidad, libertad, humildad y felicidad.

 

 

 

Resumen de privacidad

Esta web utiliza cookies para que podamos ofrecerte la mejor experiencia de usuario posible. La información de las cookies se almacena en tu navegador y realiza funciones tales como reconocerte cuando vuelves a nuestra web o ayudar a nuestro equipo a comprender qué secciones de la web encuentras más interesantes y útiles.

Puedes revisar nuestra política de privacidad.