pensamientos negativos

¿Como piensas? Parte II

Cuestionar lo que pienso…

Y siguiendo con la reflexión en torno a estos incómodos pensamientos negativos, hemos de hacer una parada obligatoria en el funcionamiento de nuestro propio cerebro.

Nuestro cerebro es como el velcro para las experiencias negativas, y como el teflón para las experiencias positivas.

Rich Hanson

Así es. Para comprender el por qué de este sesgo negativo del cerebro, has de tener en cuenta que a él no le importa tu bienestar, ni que seas feliz, ni que te sientas plen@ con tu vida… Estas cuestiones le interesan más bien poco. Lo único que le importa es tu supervivencia. Esta es la razón de que se focalice más en tu miedo, y en detectar los peligros y amenazas del entorno.

Es precisamente en este labor de detección de supuestos peligros donde comienzan los problemas, ya que tu cerebro puede interpretar como peligroso algo que en realidad no lo es, lo cual va a tener un reflejo en la calidad de tus pensamientos, y por ende en la de tus emociones y acciones.

En este sentido, a pesar de los miles de años de evolución transcurridos, la parte más antigua y primitiva de nuestro cerebro, el cerebro reptiliano, sigue reaccionando de la misma manera ahora, en plena Era Moderna, que lo hacía en la Edad de Piedra. Tanto es así, que se activa idéntico mecanismo de alarma cuando, por ejemplo, estás llegando tarde al trabajo, que cuando nuestros antepasados paleolíticos eran perseguidos por una alimaña, y su vida sí que corría peligro.

Cuando te des cuenta de que ante hechos cotidianos de la vida que puedan implicar algún contratiempo, algo no esperado, o algo que te saque de tu zona confortable, actúas como si te persiguiese una fiera en la selva, aunque te parezca absurdo repite para ti mism@: “Tranquil@, tu vida no corre peligro. Hay una parte de ti que necesita escucharlo.

Esta facilidad para quedarnos pegados a pensamientos negativos va creando rutas neuronales específicas. Estas rutas son como las autopistas por donde circulan nuestros pensamientos. Lo que has de tener en cuenta es que cuanto más permitas que tus pensamientos viajen por ellas, más se reforzarán, y más complicado te resultará transitar por otras vías que te permitan ver la realidad desde otra perspectiva.

Así pues, para mejorar la calidad de tus pensamientos y transformarlos en otros más amigables, ten en cuenta que:

Lo que piensas influye en cómo te sientes, y esto a su vez determina tus acciones.

El hecho de que pienses algo en concreto sobre alguna cuestión, no significa que sea verdad. Es una interpretación, la cual puede ser ajustada a la realidad o no. ¿ Qué interpretas sobre ti, sobre los demás, sobre la vida? Es conveniente que comiences a preguntarte si eso que piensas es un “Hecho”, o más bien se trata de tu interpretación.

Aquello a lo que des mucha importancia será el foco de tu atención, y esto determinará lo que piensas, lo que sientes y lo que haces. ¿Dónde diriges tu atención?

Para darte cuenta de tus sesgos a la hora de interpretar los hechos que vives, has de iniciar un entrenamiento mental para lograr tener una visión más equilibrada, tanto de ti mism@, como del mundo que te rodea.

Comienza por:

1. Identificar tus pensamientos negativos , y trata de buscar un activador. ¿Cuál es el miedo que los crea? ¿ Qué has estado pensando justo antes de empezar a tener sensaciones incómodas?

2. Si te sientes invadid@ por pensamientos que te hacen sentir mal, es que no estás pensando bien, has de comenzar a cuestionarlos. Inicia un debate con tus propios pensamientos, busca pruebas de realidad: ¿Qué hecho demuestra que esto que estás pensando es real? Y por hecho se entiende algo que yo pueda ver… que tú puedas ver… que aquel pueda ver… que mucha gente pueda ver.

3. Detecta que creencias tienes asociadas a tus interpretaciones de la realidad.

4. Cambia el cuento con nuevas experiencias, llévate la contraria, así empezarás a construir tus nuevas autopistas para que circulen tranquilamente tus pensamientos.

Y por último…¡ No te olvides de recordarte que no te está persiguiendo ninguna fiera, y que tu vida no corre peligro alguno!

¿Cómo Piensas? Parte I

Pensamientos negativos…

¿Te parece esto normal?”... Me preguntaba el otro día una joven clienta con un enorme susto en el cuerpo, producido por el contenido de sus propios pensamientos.

No es la primera vez que se da está esta situación en el marco de mis sesiones de trabajo. Y es que muchas personas me hacen esta pregunta con la esperanza de que yo les ofrezca una respuesta balsámica del tipo: “Claro es normal no te preocupes…” acompañada de “Yo tengo un rápido remedio para esto…

“Normal o anormal” no son conceptos me me guste manejar. Prefiero aludir a lo frecuente o infrecuente que algo pueda resultar. En este sentido, quizá pudo encontrar algo de alivio cuando comprendió que lo importante no es lo que pueda pensar, si no lo que ese tipo de pensamiento quiere mostrarle.

En cuanto lo que al remedio se refiere, claro que existe un remedio supereficaz, pero este no pasa por la inmediatez, sino que has de estar dispuest@ a emprender un camino de una doble vía:

Por un lado, comenzar a descifrar el mensaje que se esconde tras esos pensamientos negativos y catastróficos y, por otro, al igual que hacemos con nuestro cuerpo, comenzar un entrenamiento, en este caso mental, para darnos cuenta de nuestros sesgos a la hora de interpretar los hechos que vivimos. Así, entrenaremos a nuestro cerebro para lograr tener una visión más equilibrada tanto de nosotr@s mismos, como del mundo que nos rodea.

Este contenido mental generador de miedo y ansiedad generalmente, suele girar en torno a una serie de miedos universales:

Miedo a perder la razón, el control y a volverte loc@.

Miedo a morir o a enfermar.

Miedo de perder algo material o a una persona.

Miedo a hacerte daño o hacerlo a otros.

Dependiendo de donde pongas tu foco de tu atención en forma de preocupación u obsesión, tus pensamientos negativos pivotarán sobre uno o varios de estos miedos.

Puede que hayas vivido experiencias de abandono o pérdidas importantes que generen pensamientos relacionados con el miedo a perder a un ser querido, a tu pareja, a un amig@, a quedarte sól@… Puede que en tu familia se diera mucha importancia a la seguridad económica, o que pasarais por dificultades de este tipo, y tus pensamientos giren en esa dirección. O bien personas importantes para ti padecieron enfermedades o murieron generando este miedo en ti…

De este modo, me parece importante que dejes de pensar que tus pensamientos aparecen así sin más, sino que éstos llegan por un motivo, siendo necesario que comiences a contemplarlos como una llamada de atención y descubrir qué te quieren decir, y así, quizá, descubras que se está dando una confluencia de varios factores, como pueden ser que:

1. Llevas acumulando tensión desde hace tiempo por diversos motivos.

2. En tu vida se han dado situaciones de gran impacto emocional para ti, que no has podido digerir ni procesar, y has ido tirando hacia delante como buenamente has podido.

3. Te riges por un sistema de valores algo rígido y muy teñido de aspectos relacionados con la moral y la religión ( lo bueno /lo malo… lo correcto/ lo incorrecto… lo que está bien/lo que no…) los cuales dirigen tu atención, generando una manera específica de pensar y, como resultado, una manera de sentirte.

Tu cerebro necesita dar un sentido a todo lo que has vivido y no has podido elaborar, y a todo aquello que estás viviendo en la actualidad. Y… ¿cómo lo hace? Produciendo pensamientos, esa es su función.

De modo que si te asalta la duda acerca de si es “normal” o no tener pensamientos negativos, la respuesta es SI. Otra cuestión es que hay algo que puedes hacer para cambiar el tono de tu contenido mental.

…Continuará.

¿Psicológicamente agotad@?

Agotamiento…

Desmotivación…desesperanza…apatía… incertidumbre…cansancio… dificultades de concentración… Este es el tono que ha estado tiñendo muchas de las conversaciones con mis clientes especialmente durante estas últimas semanas.

Personas que habían logrado alcanzar una gran mejoría y estabilidad en sus procesos, relataban cómo se sentían inundad@s por sus pensamientos catastrofistas, y enormemente desesperanzad@s por volver a antiguas sensaciones que creían ya superadas, con muchas dificultades para concentrarse en sus trabajos.

Si bien estos supuestos retrocesos son un fenómeno habitual en todo proceso terapéutico hasta que la curva de aprendizaje y crecimiento logra estabilizarse, me sorprendía bastante este pesado factor común. Yo misma me descubría transitando por estos estados que han estado yendo y viniendo.

Además, pensaba yo, en este momento en el que las fases de la desescalada van avanzando, en el que tenemos algo más de libertad, podemos hacer deporte al aire libre disfrutando de estos días primaverales increíbles, me resulta paradójico que justo en este momento que empezamos a ver la luz al final del túnel nos empecemos a sentir así…

Y estando enredada en estos pensamientos un día mientras desayunaba, me llegó un boletín, al que estoy suscrita, en el que un grupo de psicólogos hablaba de una teoría que podía explicar este fenómeno que yo estaba percibiendo, y que aunque no deja de ser tan sólo una teoría, puede aportar algo de luz, y de algún modo tranquilizarte si tú también compartes estas sensaciones.

Se trata de la denominada “Teoría del agotamiento del ego” propuesta por el psicólogo social Roy Baumeister, la cual ofrece un modelo explicativo de las consecuencias de sufrir un desgaste de energía mental  muy intenso, y/o prorrogado en el tiempo, como puede ser la situación que estamos viviendo fruto del confinamiento por el coronavirus.

De este modo, ahora que parece que lo peor ya ha pasado, de acuerdo a esta teoría, nos hemos desfondando a lo largo de estas semanas, y ahora manifestamos estos efectos sintiéndonos agotad@s psíquica y mentalmente.

De acuerdo a esta teoría, el agotamiento de nuestro ego provoca:

  • La perdida de la capacidad de esfuerzo, con lo que nos cuesta realizar tareas y concentrarnos en el trabajo.
  • Dificultad para autoregularnos emocionalmente, de modo que nos podemos sentir facilmente inundad@s por emociones como la tristeza, la vulnerabilidad, la ira, la apatía y la frustración.
  • Dificultad en la toma de decisiones.
  • Se descuidan las conductas de autocuidado.
  • Se pierden las habilidades prosociales, lo cual puede llevarte a a ser desagradable y poco atent@ con los demás.
  • Aparece la ausencia de culpa, la cual a pesar de ser un sentimiento que si no sabemos regular bien, nos puede hacer mucho daño, bien gestionada nos impulsa a responsabilizarnos de nuestra propia conducta.

Me parece interesante esta teoría porque da un lugar al agotamiento psíquico. Así, de la misma forma que te das un descanso cuando estás físicamente agotad@, cuando te has desfondando psicológicamente será necesario que te permitas:

Hacer una pausa.

Darte un descanso.

Dormir.

Relajarte y realizar alguna actividad placentera.

Así, tus niveles de energía se restablecerán, y podrás conducir bien tu vida de nuevo.

Una historia de nubarrones

Todo parecía indicar que  hoy me esperaría un día, o al menos una mañana, de esas que yo llamo torcidas. Y es que ser la madre de  June supone  un maratón de cosas por hacer, a veces difícil de llevar, y que pese a mi firme compromiso de abrazar la realidad tal cual es, hay  días en los que flojeo y me instalo en la queja y en el victimismo, tal y como me ha sucedido esta mañana.

El listado de actividades que realiza  June es bastante extenso: colegio, fisioterapia, estimulación, integración sensorial, hidroterapia…y como las piezas de  un puzzle, están encajadas al milímetro en mi agenda junto con otras  facetas, que además de madre de June, también tengo.

Pero esta mañana, por diversos motivos nada interesantes de contar, estas piezas del puzzle se han colocado en otro lugar,  y lo que tenía planificado hacer se ha visto trastocado, y en su lugar me he encontrado conduciendo mi  coche hasta el centro en el que  June realiza algunas de sus terapias.

Un alubión de pensamientos negativos iban y venían, y como gracioso contraste a mi estado de ánimo, June riéndose a carcajadas en el asiento trasero del coche mientras veía un DVD de su gran amigo Poco Yo…

“Ya que vas a perder toda la mañana, piérdela bien y vete a dar un paseo por la playa”, me he dicho a mi misma.

El mar me reconforta profundamente, así que en aras a encontrar un poco de paz interior me he dirigido hacia la costa, y antes de llegar a la playa, tal y como muestran las figuras que se utilizan para ilustrar las polaridades tan utilizadas en gestalt (Ying-yang, mujer joven-anciana, copa-siluetas…) , el cielo me ha mostrado lo que ocurría en mi interior:

Esta era la imagen que veía frente a mí…
2014-02-05 10.34.45 (1)

…donde amenazaba un inmenso nubarrón negro que se cernía sobre Plentzia, al igual que el que tenía yo en mi cabeza, pero al hacer un giro de 180 grados sobre mi misma, sin embargo, esta otra imagen se postraba detrás de mi:

2014-02-05 10.34.33

…un sol brillante sobre un cielo azul intenso…

Me apetecía enormemente ir hacia la parte donde brillaba  el sol pero la playa se encuentra justo en la dirección que me llevaba hacia la más absoluta negrura, cuatro pasos hacia delante llovía, cuatro pasos hacia atrás no… wow!!!! Nunca antes había vivido esa experiencia,  ahora me mojo…ahora no me mojo… Decidida, me he puesto el gorro de mi chubasquero  y con paso firme  me he dicho:  Vayamos a  Mordor Maite!

A medida que caminaba  bajo la lluvia he ido poco a poco apreciando la belleza no solo del paisaje, sino de ese cielo que en un principio me resultaba tenebroso, y que ahora me estaba haciendo disfrutar tanto. Y tal y como nos ocurre a las personas, cuando aceptamos e integramos  nuestra sombra (apelando a uno de los arquetipos descricos por Carl Jung, para referirse a esa parte nuestra que no toleramos y por eso reprimimos), ésta comienza a disiparse.

Y así, de pronto, el azul intenso comenzaba a ganar terreno a la negrura, hasta que finalmente los nubarrones han desaparecido por completo. Idéntico proceso el que han hecho mis pensamientos!!!

2014-02-05 11.33.12

Así  se quedaba Plentzia mientras me iba después de un más que agradable paseo, y encima en la radio sonaba “It´s a beautiful day” de mi adorado Michael Bublé como inmejorable colofón…

Resumen de privacidad

Esta web utiliza cookies para que podamos ofrecerte la mejor experiencia de usuario posible. La información de las cookies se almacena en tu navegador y realiza funciones tales como reconocerte cuando vuelves a nuestra web o ayudar a nuestro equipo a comprender qué secciones de la web encuentras más interesantes y útiles.

Puedes revisar nuestra política de privacidad.