Reflexiones

Amar lo que es

“Amar lo que es” (Byron Katie) es el título del último libro que acabo de devorar. Cuando lo vi en la librería, pensé: “qué extraño que en ninguna otra ocasión me haya fijado en este libro, ¡con la pinta que tiene de gustarme!”. Seguramente antes de ese día podría haberlo visto, y podría incluso haber ojeado su contenido, ya que la primera edición es del 2002. Pero probablemente no había llegado mi momento para apreciar lo que dicho título trascendía.

Soy consciente de que desde hace algún tiempo un único tema ronda en mi cabeza todo el tiempo, y no es otro que el de aceptar la realidad tal cual es. Esto se refleja en todos mis ámbitos: en las sesiones de trabajo, en mis conversaciones con amigos y familiares, en los posts que escribo, en los libros que leo…

Cierto es que estoy en plan monotema, y cierto es también que yo siempre hablo desde mi experiencia, desde mis vivencias, desde lo que he constatado que funciona y lo que no. Y tengo la absoluta certeza de que esa pequeña y simple frase: “Amar lo que es”, es el trampolín que nos impulsa a reconciliarnos con nosotros mismos y con la vida y, por consiguiente, a tener esa percepción subjetiva de felicidad.

Ya desde que era una entusiasta estudiante de psicología sabía que no bastaba con sólo estudiar mucho, ni con leer cuantos libros pasasen por mis manos, ni tan siquiera con hacer el mejor master del mercado. Sabía que para llegar a ser un buen terapeuta de la corriente que fuera, era necesario pasar por tu propio proceso personal.

El hecho de haber experimentado en mis propias carnes lo que supone desnudarse (no en sentido literal, claro está) ante otro, ahondando en lo más profundo de tu ser, indagando en tus contradicciones, mirando de frente a tus miedos sin huir, poniendo un poco de luz en aquellas zonas que están algo oscuras y, finalmente, aceptando que lo que es, es. Así es como ahora puedo ser yo la que se sienta frente a ese otro agudizando todos mis sentidos y poniéndome en sus zapatos para aportar algo de luz en su camino, teniendo siempre presente que hasta que esa persona que me brinda el honor de acompañarla en su camino no acepte su realidad sin querer hacer retoque alguno, nada realmente valioso conseguirá.

En algún otro post ya he hablado de mi hijita pequeña June, y de cómo sus 3 años de vida, me han servido para realizar el mayor aprendizaje que he hecho hasta ahora, que no es otro que aceptar que lo que es, es, y amarlo tal cual.

June es una preciosa niña con unos enormes ojos azules que se comen el mundo, que desprende amor por cada poro de su piel y que, entre otras cosas, se ha propuesto despistar a toda la comunidad médica y científica de parte de Europa y de Estados Unidos. Nadie hasta ahora ha logrado descifrar el enigma de por qué June no se desarrolla como lo hacen casi todos los niños del planeta. Digamos que ella tiene otro patrón, un ritmo más lento, diferente…

No penséis que yo siempre he podido hablar de June con esta naturalidad. Al principio, como toda situación difícil, negaba esta realidad, no quería, o más bien no podía, ver que mi preciosa niñita tuviera dificultades. Después la comparaba con lo que hacía su hermana, con lo que hacían otros niños en el parque, con lo que hacían los hijos de mis amigas, y pensaba: “¿Y por qué June no?”. Y lo más doloroso de todo era un interrogante que rondaba continuamente en mi cabeza: “¿Y por qué a mi?… ¿Por qué a June?”

Enorme sufrimiento el de aquella época de mi vida, y no por el hecho en sí. A June se la veía feliz!. Siempre ha transmitido una enorme paz y amor. Era yo la que no podía aceptar a mi hija y amarla tal cual era. En aras a reparar aquello defectuoso que había en ella, intentamos de todo, desde la medicina tradicional, hasta las más extrañas y alternativas corrientes de medicina natural. Obviamente nada funcionó. June seguía obstinada en crecer y evolucionar a su ritmo…

Muchos acostumbran a decir que el tiempo hace su trabajo y lo cura todo, y que al final uno se resigna. Sin embargo, yo no estoy nada de acuerdo con esta postura. El tiempo por si sólo no hace nada. Es más, incluso puede enquistar las heridas. Es necesario acompañar al tiempo con algo más. De lo contrario, surge la resignación y el sin sabor que muchas veces experimentamos en las vidas que llevamos.
Creo que todo tiene un proceso y que a la negación, y al victimismo iniciales, ha de seguir la tristeza. Es sano y necesario permitirnos estar tristes y reconocer que tenemos miedo, pero que a pesar de ese miedo ni huimos, ni lo evitamos buscando distracciones, o las tan conocidas vías de escape. Esa es, sin duda, la vía que abre las puertas de la aceptación, la cual a su vez nos pone ante la posibilidad de que algo cambie.
Hoy puedo decir que no sólo acepto a June tal y como es, sino que además la admiro!. Admiro su tesón, su capacidad de esfuerzo, su saber esperar, su belleza, su curiosidad recién descubierta, su manera de disfrutar intensamente de las cosas que la vida le ofrece…

Y curiosamente desde que este cambio se ha producido en mi, mi pequeña parece que ha pisado el acelerador de sus aprendizajes… ¿Tendrá algo que ver mi cambio de actitud?.

Un paquete urgente

Desde su creación he considerado a este blog como una parte de mí. Cada post habla sobre mis vivencias y sobre todo aquello que me hace reflexionar en mi transitar por la vida.

En no pocas ocasiones, una incómoda sensación de desnudez frena mis deseos de ponerme a teclear en mi portátil al considerar “demasiado personal” el tema que en esos momentos lucha por que le brinde un espacio en el “nuevo documento de Word”.

Esta vez no haré caso de esa parte mía excesivamente racional y prudente, y soportaré esa sensación de desnudez que me produce.

He de confesar que poseo una especie de radar detector de la sensación de felicidad que las personas perciben sobre sí mismas y sobre sus vidas. Lo activo sin darme cuenta, y demasiado a menudo compruebo que las personas no son felices , o al menos no tanto como podrían serlo teniendo aparentemente todos los medios a su alcance.

Cierto es que son muchos los factores que influyen en nuestra valoración acerca de si en general somos felices o no. Algunos dependen de nosotros, como la actitud que adoptemos ante aquello que nos acontece. Y otros quizá no tanto.

Sin embargo, recordando a todas las personas a las que he tenido la enorme suerte de acompañar en sus procesos personales, a mis amistades, familiares, y sobre todo a mi misma, pienso que lo que más nos separa de la felicidad es la enorme brecha que se establece entre aquello en lo que nos hemos convertido con el paso del tiempo, y lo que sentimos que somos realmente, y con esto me refiero a todo aquello que considerábamos importante cuando éramos algo más jóvenes e inocentes, lo que nos hacía vibrar, emocionarnos, sentir, movernos, en definitiva, lo que queríamos para nuestra vida….

De un tiempo a esta parte yo misma contemplaba como esa brecha cada vez se iba haciendo más grande y evidente en mi vida, y en la del que hasta ahora ha sido mi compañero de viaje. Ahora nos encontramos en pleno proceso de separación, buscando cada uno de nosotros cierta coherencia con aquello que somos realmente.

Y al igual que me ha sucedido muchas otras veces , algo en forma de vídeo llega a mi “por casualidad” a través del blog de Iciar Piera, que refleja con bastante exactitud la esencia de este post.

Espero que os emocione tanto como a mi.

Nadie dijo que la vida fuera fácil…

“¿Quién me habrá mandado a mi meterme en este lío?”…. era la pregunta que lanzó al aire con cierta dosis de cabreo una de las personas valientes que deciden sentarse frente a mi para reflexionar, para cuestionarse alguna que otra idea que sin darse cuenta han elevado a la categoría de verdad absoluta, para abrir cada día un poco más sus mentes, para aceptar, para aceptarse… – “Con lo bien que vive la mayor parte de la gente que no se plantea nada” – añadió.

 

No es la primera vez que escucho este tipo comentarios. Yo misma me he descubierto muchas veces invadida por estas sensaciones,  y  es que cuando uno decide ponerse en marcha y comenzar a trabajar en sí mismo, suele asaltarnos esa falsa idea de que es mejor andar por la vida  dormidos, anestesiados o incluso ciegos.

Y es que para llevar una vida con sentido y coherente con lo que cada uno es, y con lo que cada uno siente y valora, hace falta coraje para mirar en nuestro interior y vernos tal cual somos sin máscaras, sin artificios.

También es necesaria cierta  exigencia respecto a lo que queremos para nosotros mismos y para nuestras vidas , huyendo del conformismo, así como ser consecuentes con aquello que somos y queremos.

En este sentido, muchas veces suelo apelar a  la célebre frase “Nadie dijo que la vida fuera fácil, solo prometieron que valdría la pena vivirla”, a lo que yo añado “vivirla con sentido para uno mismo”.

Y de nuevo…sincronicidad

Ya he hablado en alguna otra ocasión sobre mi pasión por la sincronicidad. Fruto de esa pasión en mi día a día estoy siempre muy atenta a estas mal llamadas “casualidades”, coincidencias”, o términos por el estilo.

Recordemos que Carl Jung acuñó este término para referirse a aquella coincidencia significativa de dos o más sucesos en la que está implicada algo más que la probabilidad aleatoria.

Recordemos además, que estas sincronicidades se nos presentan con más frecuencia en periodos de transformación o de cambio, como puede ser un proceso de coaching, de psicoterapia, una crisis personal, o cualquier otro momento vital en el que algo se desequilibra.

Creo que esas “casualidades de la vida” nos brindan una enorme información, y por eso yo las interpreto como señales, pistas, o valiosísimos caminos que se nos abren. Es un hecho que en Occidente racionalizamos en exceso, y que de tanto usar nuestro lado racional, se nos escapan aspectos más sutiles, que no tienen explicación lógica, y que forman parte de eso que llamamos “circunstancias inexplicables”.

La última sincronicidad que he tenido el placer de vivir me ha parecido maravillosa y os la contaré brevemente:
Hace unas semanas leí por “casualidad” la palabra “Ho’oponopono” hojeando un libro en una librería mientras decidía cual iba a ser mi nueva adquisición. No recuerdo el autor o autora. Simplemente me llamó la atención el nombre, y en aquel momento me interesé muy levemente pos su significado: “HO’O” significa “CAUSA” en hawaiano, y “PONOPONO” significa “PERFECCIÓN”. “HO’OPONOPONO” significa “corregir un error” o “rectificar un error.” Se trataba de una técnica de sanación hawaiana. No profundicé mucho más sobre los detalles de la técnica en cuestión, pero el curioso nombre se me quedó grabado.

Con el transcurso de los días una canción continuamente acudía a mí allá donde me encontrara: en la sala de espera del dentista, en la radio, mientras conducía… era una versión preciosa de la canción de las película “El mago de Hoz”. En ninguna ocasión conseguía saber quién la cantaba. Durante semanas ha sido mi banda sonora permanente:

“(…) somewhere over the rainbow
blue birds fly
and the dreams that you dreamed of
dreams really do come true ooh ooooh (…)”

me descubría cantando una y otra vez.

Hace unos días recibí a través de facebook una invitación a un taller de “Ho’oponopono” que se celebrará próximamente. Esta vez me intereso un poco más por la técnica. uuummmm…qué interesante!!!! pienso.

La semana pasada una colega coach (Iciar Piera) escribe en su muro de Facebook una serie de interesantísimas reflexiones sobe filosofía hawaiana, dice que ha acudido a un taller sobre “Ho’oponopono”, y cuelga un video de una canción. ¿ Sabéis cual??????… SOMEWHERE OVER THE RAINBOW!!!!!!!………… Casualidad?????? No. Sincronicidad!

Así que siguiendo esta señal que la vida pone ante mi, acudiré al taller de “Ho’oponopono”, a ver a dónde me lleva todo esto… ya os contaré.

De mientras disfrutad del maravilloso video:  http://youtu.be/w_DKWlrA24k

Me disfracé de uno que no era yo

Pensé “en la fuerza estará lo mejor”
me disfracé de uno que no era yo
buscando esa firmeza
llegué a un lugar negro
pensé que eso era el valor.

Y sufrí de tal manera
por dejar de ser quien era
por pensar que ser cobarde
era ser lo que creyera.

Es parte de la letra de una canción de Dani Martin, cantante del grupo “El canto del Loco”, que ahora ha comenzado una nueva etapa en solitario.

Esto es lo que hacen muchos artistas que después de muchos años de trayectoria y de enorme éxito en grupo, sienten la necesidad de desligarse del grupo, y emprender una nueva etapa para hacer lo que a cada uno más le apetezca, quizá un nuevo estilo, un nuevo proyecto.

En su etapa en el canto del loco nos mostraba una imagen chulesca y algo canalla que traía de calle a muchísimas adolescentes. A mi personalmente no me gustaba mucho ese aire de gamberro pijo que se daba, y he de confesar que me caía hasta mal. Probablemente si tuviera veinte anos menos hubiera sucumbido ante este ´´destrozacorazones” forrando las paredes de mi habitación con sus fotos. Además me sabría de memoria todas sus canciones, pero no es el caso.

Sin embargo, desde que promociona su nuevo trabajo, leo todas las entrevistas que le hacen, me emocionan sus canciones, y además he de confesar que lo encuentro guapísimo. Es otra persona diferente. No sólo ha cambiado su imagen, sino que su actitud es otra, más serena y auténtica. – ¿Qué es lo que le ha pasado a este chico? – pensé cuando escuché “16 añitos” por primera vez. – Sin duda ha madurado – concluí.

Días más tarde, escuche una entrevista que le hacían en la radio, en la que explicaba como su nuevo trabajo es fruto de una crisis muy profunda en la que se sumergió precipitada por la muerte de su hermana. A raíz de este episodio comenzó un proceso psicoterapéutico, y el resultado de todo ello se percibe en la sensibilidad de su trabajo, y en su manera de estar en el mundo.

En otra entrada hablaré sobre el valor terapéutico de las crisis personales, pero ahora simplemente quiero utilizar esta canción como un buenísimo ejemplo de lo que sucede cuando no nos aceptamos tal como somos. Es entonces cuando necesitamos disfrazarnos de otro que no somos, como dice Dani Martín, ocultando la perla tras capas y capas de máscaras.

Cuando te reencuentras contigo puedes sentir el alivio que recoge esta otra estrofa de la canción:

(…) y es mirarme ahora a la cara
y SER QUIEN SOY!

Qué sano es despojarnos de nuestros ropajes adquiridos artificialmente para dejar relucir nuestro verdadero yo, y vivir así conforme a quienes somos realmente, dejando brillar nuestra mejor estrella: nuestro propio ser.

http://www.youtube.com/watch?v=J7hvAOdCJYo

Derribando creencias

Primera entrada del año 2011. Sé que es un poco tarde para hablar de propósitos de año nuevo, y de todas aquellas cosas que se suelen decir cuando abandonamos un año para dar la bienvenida a otro que empieza, y es que estamos casi en Febrero. Pero permitidme…
El azar, mi madre, o la vida quiso que yo viniese a este mundo un 5 de Enero, por lo que yo no sólo doy la bienvenida a un nuevo año, sino que además, estreno un año más en mi calendario. Y esta vez han sido nada más y nada menos que 40!!!.
Cifra esta que me dejó algo aturdida en su momento, no sólo porque creo que tiene algo de simbólico al suponer, no sólo, un cambio de década – y ya sabemos todos que los seres humanos no toleramos demasiado bien los cambios-, sino que también por el hecho de dejar de ser una “treintañera” para convertirme en una “cuarentona”. Hasta el refranero español me acompañaba con el dicho: “A partir de los cuarenta no te mojes la barriga!!!”.
Y es que en nuestro inconsciente colectivo existen mil y un tipos de creencias limitadoras en torno a la edad y al ir cumpliendo años.

Sin embargo, un buen día tocó el timbre de mi despacho una persona muy especial, y de la que estoy aprendiendo a derribar precisamente toda esa maraña de limitaciones. Alguien que vio la placa de “Coaching y más” en el portal y quiso saber qué era esto del coaching.

Tan sólo diré que por las mañanas está estudiando inglés, acaba de finalizar un curso en Barcelona, ha comenzado su proceso de coaching, y no sabe aún si quiere o no tener pareja. Hasta ahí todo normal salvo un dato: tiene 78 años!!.

Así pues, a todos los que pensáis que ya es tarde para esto o aquello, que lo mejor de la vida ya pasó, que lo que no hayamos hecho hasta ahora ya no lo haréis… he aquí una gran lección.

Maite

Resumen de privacidad

Esta web utiliza cookies para que podamos ofrecerte la mejor experiencia de usuario posible. La información de las cookies se almacena en tu navegador y realiza funciones tales como reconocerte cuando vuelves a nuestra web o ayudar a nuestro equipo a comprender qué secciones de la web encuentras más interesantes y útiles.

Puedes revisar nuestra política de privacidad.