Reflexiones

¿Qué es el autocuidado emocional y por qué es vital en la maternidad?

Autocuidado en la maternidad: cómo liberarte de la culpa para cuidarte sin dejar de cuidar

Vivimos en un modelo sociocultural (y muchas veces también religioso) que ha vinculado históricamente el rol femenino con el sacrificio, el cuidado del otro y la entrega incondicional. Aunque hoy vemos cada vez más hombres implicados en la crianza —algo que es esperanzador y necesario—, la realidad es que el peso del cuidado sigue recayendo mayoritariamente sobre las mujeres.

Este modelo, nos impulsa a olvidarnos de nosotras mismas, a medir nuestra valía por el nivel de entrega, a vivir desde la autoexigencia, el perfeccionismo y, cómo no, la culpa. Porque cuando no cumplimos con ese ideal imposible, nos sentimos culpables. Como si cuidar de una misma, escucharse y atenderse fuera sinónimo de egoísmo.

En consulta veo dos perfiles que se cruzan de forma muy significativa:

👩‍🍼 Por un lado, mujeres que son madres más o menos recientes, agotadas, estresadas, abrumadas por la culpa de “no llegar a todo”. Sienten que fallan si no están disponibles todo el tiempo, si no hacen “lo correcto”, si no pueden con todo.

👩‍💼 Por otro, mujeres que hoy viven con grandes dificultades para poner límites, para sostenerse emocionalmente, cuidar se sí mismas, saber cuando priorizarse, y cómo no viviendo con mucha culpa cuando lo que ven de sí mismas no coincide con lo que se espera de ellas.

¿Qué tienen en común? En muchas ocasiones han sido hijas de madres abnegadas, sacrificadas, exigentes… Madres que quisieron hacerlo todo bien y se olvidaron de sí mismas, sin darse cuenta de que estaban ofreciendo este modelo a sus hijas.

Esto no es una crítica. Todo lo contrario. Más bien es una llamada a tomar conciencia de que cuidar de una misma no es un lujo, ni es egoísmo: es necesidad.
Y es posible —y saludable— cuidar sin dejarse de lado.

Cuidarte no te hace peor madre

🌱 El autocuidado empieza por escuchar tus necesidades y atenderlas, por sostenerte en comunidad, por pedir ayuda cuando la necesitas, por hablar con amigas, por no exigirte perfección.
Por entender que no estás sola, y que no tienes que poder con todo.

Cuidarte, te hace una madre más presente, más conectada y más real.

Te invito a revisar tus creencias, a cuestionar ese modelo de entrega sin descanso. A construir uno más humano, más justo… y más amoroso contigo misma.

Y ademas te comparto una entrevista que la revista cuerpo y mente me ha hecho relacionada con este tema de maternidad y auto cuidado que puedes leer en el siguiente enlace:

https://psicologiaymente.com/clinica/autocuidado-en-maternidad-como-superar-culpa-para-cuidar-bien-hijos-y-ti-misma

El autocuidado no se aprende sola. A veces necesitamos que alguien nos escuche y nos acompañe. Si sientes que este texto te refleja, puedes agendar una consulta inicial gratuita aquí.

Del “quiero agradar” al “quiero sanar”: El viaje de la chica complaciente

Del “quiero agradar” al “quiero sanar”: El viaje de la chica complaciente

De complaciente a consciente: el viaje para sanar tu autoestima

Estaba ya en casa, cenando, cuando una amiga me llamó para salir. La verdad es que no me apetecía: era tarde y estaba cansada. Aun así, me vestí y salí. Mientras estaba con ella, no dejaba de pensar:

“¿Qué hago aquí? ¿Por qué no fui capaz de decir que no? ¿Soy una egoísta por querer estar en casa?”

Este tipo de pensamientos son más comunes de lo que crees.

Muchas mujeres viven atrapadas en el síndrome de la mujer complaciente, donde la necesidad de agradar a los demás pesa más que sus propias necesidades y deseos. Si alguna vez has pensado:

  • “Si la gente supiera lo que realmente pienso, no lo creerían.”
  • “Después de todo lo que han hecho por mí, ¿cómo voy a irme ahora?”
  • “Llevo años soñando con viajar, pero sigo esperando a que a él le apetezca…”

No estás sola.

Estas frases son fragmentos reales de conversaciones que he tenido en sesión con mis clientas. Todas comparten un patrón común: complacer a los demás incluso a costa de su propio bienestar.

¿Por qué nos cuesta decir que no?

Desde niñas, muchas aprendimos que ser “buenas” significa cumplir con lo que se espera de nosotras. El patrón se repite: si soy complaciente, me querrán. Pero eso tiene un precio. Un precio muy alto: la desconexión contigo misma.

Sanar la autoestima y priorizarte sin culpa

Este comportamiento no es tu culpa. Es un patrón aprendido, una estrategia inconsciente que en su momento te ayudó a sentirte segura, pero que hoy te impide avanzar. Sanar tu autoestima requiere desactivar ese patrón infantil y crear una nueva forma de relacionarte contigo basada en el amor propio y la autenticidad.

¿Te resuena? Esto es lo que puedes empezar a hacer:

  • Aprende a decir que no sin culpa.
  • Reconoce tus propios deseos y dales espacio.
  • Rodéate de personas que respeten tus límites.
  • Empieza a escucharte de verdad.

¿Quieres dejar de complacer a todos y empezar a vivir desde tu verdad? Descubre cómo trabajar conmigo y empezar tu viaje hacia una autoestima sólida y amorosa. Solicita una consulta gratis.

La mirada inocente

Cuando las heridas de la infancia moldean tus vínculos adulos

Con frecuencia acompaño a mujeres que comparten un rasgo común: una mirada ingenua hacia la vida y las relaciones, como Caperucita Roja confiando en el lobo.

Se trata de una forma de ver el mundo excesivamente inocente y confiada, que les impide identificar señales de alerta y establecer límites sanos. Esta mirada, inevitablemente, termina afectando su autoestima.

Estas frases, extraídas de conversaciones con alguna de mis clientas, no son simples pensamientos; son el reflejo de una mujer adulta que, en el fondo, aún espera de sus vínculos lo que no recibió en su infancia: amor incondicional, contención emocional, protección. Y, muchas veces, no logra ver las orejas del lobo.

No se trata de ser tonta ni lista. Se trata de patrones aprendidos en la infancia, respuestas emocionales ante experiencias tempranas vividas como abandono, rechazo o negligencia.

La mente infantil, para sobrevivir al dolor, recurre a mecanismos de defensa primitivos, congela la herida y la envuelve en fantasías: “si soy perfecta, me van a querer” o “si finjo que todo está bien, el dolor desaparecerá”, “si soy buena me cuidarán”.

Esa mirada —que alguna vez fue necesaria para protegerte— hoy te impide ver lo que duele y no te permite activar tus mecanismos de afrontamiento.

  • Justificas lo injustificable.
  • Empatizas con quien no te cuida.
  • Callas para no incomodar.
  • Aguantas para no perder.
  • Te quedas para no herir.
  • Necesitas ser el centro de atención si no piensas que no importas.

Y cuando por fin te atreves a poner límites o a dejar de complacer, aparecen la culpa y el miedo, y vuelves a tolerar lo intolerable.

Pero hoy puedes hacer algo distinto: confiar en ti, en tus señales internas. Aprender a decir sí cuando quieres decir sí, y no cuando necesitas decir no. Dejar de cumplir con expectativas ajenas.

La terapia para sanar tu autoestima es un camino posible. Un espacio para reaprender a cuidarte, escucharte, validarte y construir una mirada adulta, amorosa y protectora hacia ti misma.

Meterle prisa al tiempo

Todo llegará si no le metes prisa al tiempo

En muchas ocasiones me descubro a mí misma abducida por este patrón social —relativamente nuevo— que tiene que ver con las prisas, con pretender lograr las cosas de hoy para mañana, con la inmediatez, con el énfasis en la productividad y en la rentabilidad.

Lamentablemente, este patrón también se ha trasladado al ámbito de la terapia, y en alguna ocasión durante en las sesiones he escuchado lamentos de este tipo:

Aquella terapia no me funcionó
“No entiendo por qué me sigo sintiendo así si ya estoy trabajando en ello.”
“Quiero quitarme este problema cuanto antes.”
“No tengo tiempo para estar mal, ya debería haber superado esto.”
“Pensé que con un par de sesiones me sentiría mejor.”

Todas tienen en común algo muy sutil pero muy profundo: la creencia de que sentir, atravesar, comprender, sanar, deben ser procesos lineales, rápidos y eficaces. Como si estuviéramos arreglando una máquina. Como si pudiéramos sanar nuestra autoestima con unos “tips” y pudiera programarse en fases con fecha de entrega.

Nos cuesta aceptar que iniciar un proceso terapeútico para sanar una autoestima dañada no siempre se parece a avanzar.

Ayer me despedía de una mujer que ha llegado al final de su proceso de trabajo conmigo, con una mezcla de tristeza y una profunda alegría. Tristeza por el cierre, sí, pero también una inmensa alegría por verla brillar de esa forma tan suya, tan serena y calmada.

Ella no le puso prisas al tiempo, ni me pidió fórmulas mágicas. No exigió resultados, ni quiso saltarse etapas, ni ser su mejor versión ( detesto esta frase)
Se permitió estar. abrirse a su vulnerabilidad. Sentir. Dudar. Avanzar y retroceder.
Se entregó a su proceso de autoindagación con paciencia, con respeto por sus propios ritmos y con muchísima tolerancia consigo misma
.

Si bien son muchos los factores que intervienen en un proceso que invita a cultivar el amor propio y una autoestima sana, la actitud que adoptamos para iniciar este camino, en mi opinión es clave.

Porque no somos proyectos, ni algoritmos, ni tareas por completar.
Somos procesos vivos, imperfectos, humanos.
Y cuando nos damos permiso para ser eso… algo dentro empieza a florecer.

Te dejo el Video de Mundo imperfecto de Sidecars y recuerda:



El valor que te das

A menudo escucho en mis sesiones expresiones como: “No tengo autoestima”, “Mi autoestima está mal”, “Mi autoestima es baja” o “Nunca he tenido autoestima”. Estas frases reflejan una idea común, pero me parece importante reflexionar sobre lo que realmente es (y lo que no es) la autoestima, ya que a veces podemos caer en confusión al respecto.

La palabra autoestima proviene del griego “autos”, que significa “uno mismo”, y del latín “aestimare”, que significa “evaluar” o “valorar”. De esta manera, cuando te refieres a tu autoestima, estás hablando del valor que tú misma te das como persona.

Si te apruebas a ti misma y estás conforme con quién eres y cómo eres, te sentirás digna y merecedora.

¿Digna de qué?, te preguntarás… La respuesta es: Digna de elegir lo mejor para ti en todas las áreas de tu vida:

  • Digna de tener una relación de pareja sana, amorosa y constructiva.
  • Merecedora de un trabajo acorde a tu nivel de estudios y experiencia, así como de recibir un salario justo.
  • Digna de rodearte de personas que te cuiden, te respeten y te apoyen.

Esta creencia de merecimiento facilitará que:

  • Seas amable, paciente y compasiva contigo misma.
  • Puedas poner límites saludables con los demás.
  • Puedas poner fin a relaciones que no te hacen bien.
  • Te resulte más sencillo pedir ayuda cuando la necesites.
  • Seas flexible ante el cambio y desarrolles los recursos de afrontamiento necesarios para la vida.

Como puedes ver, la autoestima es un concepto amplio y profundo. A mí me gusta compararla con los cimientos de una casa, porque influye en todas las áreas de tu vida y en las relaciones que construyes con las demás personas y contigo misma. Por ello, es importante que detectes si a lo largo de tu vida has vivido experiencias que hayan podido afectar a tu autoestima y dañarla, para comenzar a sanarla y cultivarla de manera sana y equilibrada.


¿Cuál es tu propósito? ¿ Hacia dónde te diriges?

¿Cuál es el motivo profundo que te impulsa a hacer lo que haces?

Hacer una pausa en nuestro camino es esencial por diversas razones. Desde las más evidentes como pueden ser, descansar y recuperar energías para seguir adelante, hasta las más profundas, como reflexionar sobre el punto en el que nos encontramos de nuestras vidas y hacia donde queremos dirigirlas.

Y es que, en muchas ocasiones, cuando vivimos sin un propósito claro, surgen la insatisfacción, la desmotivación e inevitablemente, esto va a dañar nuestra autoestima.

Si has reflexionado sobre estas preguntas, te felicito, pues estás en el proceso de construir una vida con propósito y sentido. Y si aún no lo has hecho, quiero transmitirte un mensaje de calma: esto es algo que puedes aprender. Solo necesitas reconocer la importancia de este cuestionamiento en tu vida y dedicarle la energía necesaria para salir del automatismo en el que a veces caemos, haciendo las cosas por hacer o por simple obligación.

Recientemente, en un taller que facilito para mujeres emprendedoras, cuyo objetivo es transformar las ventas en una experiencia positiva y libre de sufrimiento, decidí abordar justamente este tema: el propósito y la visión.

En aquel contexto, les invitaba a poner luz a estas cuestiones, ya que ser conscientes del por qué detrás de lo que hacemos, más allá de la obvia necesidad económica, tiene un poder transformador:

  • Nos permite descubrir la motivación profunda que nos impulsa a actuar y a levantarnos cada mañana.
  • Nos brinda dirección, claridad y sentido a nuestro camino
  • Nos conecta con el verdadero valor de lo que hacemos.
  • Transforma el enfoque: lo que antes podía parecer una tarea pesada o una obligación económica, se convertía en una forma de conectar con los demás ofreciendo algo genuino y valioso.
  • Este cambio de perspectiva no solo beneficia nuestro trabajo, sino que también puede ser un acto sanador para nuestra autoestima. Al reconocer y valorar lo que aportamos, comenzamos a sanar las inseguridades y la autocrítica que a menudo nos limitan.

Resumen de privacidad

Esta web utiliza cookies para que podamos ofrecerte la mejor experiencia de usuario posible. La información de las cookies se almacena en tu navegador y realiza funciones tales como reconocerte cuando vuelves a nuestra web o ayudar a nuestro equipo a comprender qué secciones de la web encuentras más interesantes y útiles.

Puedes revisar nuestra política de privacidad.