
Del “quiero agradar” al “quiero sanar”: El viaje de la chica complaciente
Muchas mujeres viven atrapadas en el síndrome de la mujer complaciente, donde la necesidad de agradar a los demás pesa más que sus propias necesidades y deseos

Muchas mujeres viven atrapadas en el síndrome de la mujer complaciente, donde la necesidad de agradar a los demás pesa más que sus propias necesidades y deseos

Con frecuencia acompaño a mujeres que comparten un rasgo común: una mirada ingenua hacia la vida y las relaciones, como Caperucita Roja confiando en el lobo. Se trata de una forma de ver el mundo excesivamente inocente y confiada, que les impide identificar señales de alerta y establecer límites sanos.

En muchas ocasiones me descubro a mí misma abducida por este patrón social —relativamente nuevo— que tiene que ver con las prisas, con pretender lograr las cosas de hoy para mañana, con la inmediatez, con el énfasis en la productividad y en la rentabilidad. Por suerte, cada vez es más

La autoestima es el valor que tú te das a ti misma. Actúa como los cimientos de una casa.

Hacer una pausa en nuestro camino es esencial por diversas razones. Desde las más evidentes como pueden ser, descansar y recuperar energías para seguir adelante, hasta las más profundas, como reflexionar sobre el punto en el que nos encontramos de nuestras vidas y hacia donde queremos dirigirlas. Y es que,

El otro día, durante una sesión con una clienta que acaba de iniciar su proceso para sanar su autoestima, me preguntó cómo sería el camino que íbamos a recorrer juntas. Para responder a su curiosidad, utilicé la metáfora de la cebolla y sus diferentes capas como una representación simbólica del
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