Autoestima

¿Quieres aprender a volar?

Yo te acompaño…

Han pasado bastante años desde que empecé a dar forma a mi proyecto  profesional que hoy renuevo, y que estoy emocionada de poder compartir contigo.

Un día cualquiera, hace ya tiempo, encontré una frase con la que me sentí muy identificada ya que metafóricamente definía el objetivo de mi profesión: “Aprende a volar”. Y así ha estado acompañándome hasta ahora a través de la marca que creé para ayudar a las personas “a volar”: Coaching y más.

Otro día también cualquiera, en una tienda de antigüedades, descubrí  un objeto que también me inspiró: una jaula.  La compré y decidí darle  un lugar destacado y visible de mi despacho, con su puerta entre abierta,  como un gesto también metafórico de la libertad que conseguimos cuando

nos liberamos de las cargas emocionales que vamos arrastrando, y que nos impiden ser quienes realmente somos.

 Después de toda la experiencia acumulada a lo largo de estos años en los procesos que he acompañado, la mayor parte a mujeres, así como de mi propio proceso personal, me he dado cuenta de la existencia de un factor común y repetitivo en muchas de nosotras  que nos impide avanzar, y vivir una vida plena: el MIEDO. Un miedo profundo e inconsciente con consecuencias directas en la autoconfianza, en la autoestima, y en la insatisfacción en la vida en general.

De esta manera, he decidido renovar mis servicios para focalizarme  fundamentalmente en el MIEDO como emoción primaria, así como en todos los mecanismos de protección que activamos para evitarlo. Esto conlleva a que,  precisamente por evitarlo, desarrollamos bloqueos, fobias, ansiedad, baja autoestima y  diversas dificultades que se reflejan en muchas áreas de nuestra vida, especialmente en el ámbito de la pareja y el  desarrollo profesional.

Además, he  decidido cambiar la marca que venía utilizando  hasta ahora de ”Coaching y más” por la mía personal, Maite Villabeitia, dado que mis clientes me conocen y me referencian por mi persona, y tengo la suerte de tener su reconocimiento a través de testimonios preciosos y sinceros que me han ido dejando a lo largo de los últimos años.

Y por último, otro cambio que he introducido con mi nueva marca personal,  es que la mujer, y todo su universo psicológico, va a ser el público al que voy a dirigirme principalmente a partir de ahora, al ser el área en la que mayor experiencia y conocimiento poseo.

Así que hoy es un día muy especial para mi, dado que estreno mi nueva marca y mi nueva web, www.maitevillabeitia.com, y este renovado blog al que te doy la bienvenida, y al que te animo te suscribas para que estés al día de las reflexiones que quiero compartir contigo  en torno al miedo, la inseguridad y otros problemas derivados de tener una autoestima baja, así como de lo que podemos hacer para tener el control de nuestra propia vida.

Con este enfoque renovado, he desarrollado además mi propio método de trabajo: “Aprende a volar”, el cual me servirá de guión en los talleres que facilitaré a partir de ahora, y en mis  sesiones de trabajo para agilizar el proceso de recuperación de la  libertad, el  poder y la plenitud.

Y como banda sonora de mi metodo “Aprende a volar” he elegido esta canción de Nina Simone, “I wish how i knew it would feel to be free”. Aunque Nina se refiere a otro tipo de libertad,  tanto la esencia de la canción, como  la fuerza de su interprete, me cautivan:

Y es que tengo el convencimiento de que cada uno de nosotr@s estamos en este mundo para tocar nuestra propia música, y para bailar nuestro propio y genuino ritmo, en lugar de la música y los ritmos que otros nos han inculcado, o impuesto.

Nuestra responsabilidad es descubrir cuales son las notas que conforman nuestra música, y sentirnos libres para tocarla.

Si tú también sientes que estás atrapada en tu propia jaula, y quieres salir pero no sabes cómo, en este espacio compartiré contigo reflexiones y recursos que te ayudarán a ponerte en marcha para…

¡Aprender a volar!

Un vehículo para transportar el alma

alas“Si pudieras cambiar una parte de tu cuerpo, ¿Qué cambiarías?

Ehhhhhh??…  Cambiar una parte???? …No te entiendo!

Si, imagina que un hada te concediese un deseo, de tal manera que podrías cambiar algo de tu cuerpo. ¿Qué cambiarías?

Yo que se… ¿un brazo? No entiendo ama…

No tienes por qué decir nada en concreto. Igual estás a gusto con tu cuerpo, tal y como está, y no es necesario que te fuerces a decir algo. Es una pregunta sin más.

Ahhh si si si…Ya sé que cambiaría! Tener alas! Me encantarían unas alas para volar.

¿Para que me preguntas esto tan raro ama????”

( Extracto de conversación con  mi hija Libe)

Hace poco circulaba un video por las redes en el que hacían esta pregunta a personas adultas de distintas edades y a niños. Los adultos, salvo alguna excepción, manifestaron su incomodidad con alguna parte de su cuerpo, y expresaban sus deseos de cambiar esta o  aquella parte, mientras que los niños  se quedaban  un poco alucinados ante la pregunta, y expresaban cosas como: tener alas o cola de sirena, o que no cambiarían nada porque  les gustaba su cuerpo tal y como era…

Me considero una madre que pone la intención en educar a sus hijas de manera que tengan una autoestima lo más  equilibrada posible. Y aunque la relación con el propio cuerpo es tan sólo una parte de nuestra autoestima, el vídeo me sirvió para  comprobar si esos efectos habían comenzado a interferir en la felicidad de Libe, mi hija mayor que tiene  8 años.

En primer lugar, me encantó que no entendiera la pregunta .”No concibe eso de que no le guste algo de sí misma” -pensé de inmediato- al contemplar cómo me miraba con los ojos  como platos, como pensando que su madre estaba un poco loca esa mañana. Pero sin duda  lo que más me gustó fue su repuesta, “tener alas”. La conversación siguió un buen rato más a cerca de “lo guay” que sería eso de tener alas y poder volar…

El texto que encontrarás a continuación de Sara Koppelkam refleja maravillosamente un aspecto del post de hoy. Personalmente me quedo con la última frase: Recuérdale a tu hija que lo mejor que puede hacer con su cuerpo es usarlo como un vehículo para transportar su preciosa alma. Y  aunque va dirigido a las niñas, me parece que es aplicable a ambos sexos:

Primer paso sobre cómo hablar con tu hija sobre su cuerpo: no hables con tu hija sobre su cuerpo, salvo para enseñarle cómo funciona.

No le digas nada si adelgaza. No le digas nada si engorda.

Si crees que tu hija tiene un cuerpo espectacular, no se lo digas. Aquí tienes algunas cosas que sí le puedes decir:

“¡Se te ve muy sana!” es una frase genial.

O también “¡Qué fuerte estás!”

“Se nota lo feliz que eres: ¡estás resplandeciente!”

O mejor todavía, hazle un cumplido sobre algo que no tenga nada que ver con su cuerpo.

Y tampoco digas nada sobre el cuerpo de otras mujeres. Nada. Ni una sola palabra, ni buena ni mala.

Enséñale a ser amable con los demás, pero también consigo misma.

Ni se te ocurra comentar cuánto odias tu cuerpo delante de tu hija ni hablar sobre tu nueva dieta. De hecho, no hagas dieta delante de ella. Compra y cocina productos saludables. Pero no digas nunca: “Voy a dejar de tomar carbohidratos durante algún tiempo”. Tu hija no debe pensar que los carbohidratos son malos, porque si te avergüenzas de lo que comes, acabarás avergonzándote de ti misma.

Anima a tu hija a correr porque así se libera estrés. Anímala a subir montañas porque no hay un sitio mejor para explorar la espiritualidad que en la cima del mundo. Anímala a hacer surf o escalada, o a montar en bici de montaña si son cosas que le dan miedo, porque a veces es bueno enfrentarse a los temores.

Haz todo lo posible por que le guste el fútbol o el remo o el hockey, porque el deporte le ayudará a ser una mejor líder, y una mujer más segura de sí misma. Explícale que, independientemente de la edad que se tenga, el trabajo en equipo es siempre necesario. Nunca le hagas practicar un deporte que no le encante.

Demuéstrale a tu hija que las mujeres no necesitan a ningún hombre para cambiar los muebles de sitio.

Enseña a tu hija a cocinar verduras.

Enseña a tu hija a hacer pasteles de chocolate con mantequilla.

Pásale la receta de tu madre del roscón de reyes. Incúlcale tu pasión por el aire libre.

Quizás tanto tú como tu hija tengáis unos muslos o un tórax anchos, y pudiera resultaros fácil odiar estas partes del cuerpo. Ni se te ocurra. Dile a tu hija que con sus piernas puede correr un maratón si así lo desea, y que el tórax no es más que el armazón de unos pulmones fuertes y que si quiere, puede gritar, cantar y animar al mundo entero.

Recuérdale a tu hija que lo mejor que puede hacer con su cuerpo es usarlo como un vehículo para transportar su preciosa alma.

                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                   Sara Koppelkam

 

 

 

los dones de la imperfección

los dones de la imperfección…Líberate de quién crees que deberías ser y abraza a quien realmente eres.

Brené Brown nos acerca al concepto de  la vaía personal sin  requisitos previos. Siendo el mayor desafío del ser humano sentir que somos valídos ya, en este mismo instante.

Cuando estamos dispuestos a ser imperfectos y reales, recibimos lo que ella denomina  los dones de la imperfección: Coraje, compasión y conexión.

Un libro de los que yo considero imprescindibles.

 

 

Pensé que nunca…

 

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Pensé que nunca iba a enojarme con mis hijos. Y lo hice.

Pensé que jamás iba a discutir con mi marido enfrente de ellos. Y lo hice.

Pensé que a mí no me iban a tener que llamar cinco veces para que vaya a ver qué necesitan, pero me pasó.

No estaba en mis planes olvidar comprarles o conseguirles cosas para el cole. Y fallé.

No estaba en mis planes convertirme en una máquina de repetir lo mismo día a día, pero así soy hoy.

Pensé que iba a tener la misma cantidad de fotos de cada uno de mis hijos, pero no fue así.

Juré recordar cada momento de sus vidas, cada primer paso, primera comida, primera palabra, pero no pude.

Estaba segura de que jamás iba a llegar tarde a buscarlos en el colegio o en un cumpleaños, o llevarlos el día que no era con el uniforme incorrecto, pero lo hice. Todo lo hice.

Yo, la “súper mamá”, iba a encontrar siempre una palabra justa para las preguntas de mis hijos: no pude y muchas veces respondí “porque no”, “porque sí”, o “después vemos”.

Yo hoy no juzgo a otras, ni por buenas ni por malas. Porque cada mujer es un mundo y cuando se convierte en madre sigue siendo esa persona que era un minuto antes con toda su carga y, ahora, con la tarea de criar a esta persona tan especial.

Cada una lo hace a su modo, con sus formas y con sus tiempos. Todas aprendemos de todas, apoyándonos, con solidaridad, con comprensión, con amor. No juzgues a otras madres, así como no quieres que te juzguen a vos.

-Luciana Torres-

Seguramente en mayor o menor medida,  todas las mujeres que somos madres, yo incluiría a los padres también, nos podemos identificar con alguno de los párrafos de este texto. Sin embargo,  lo que me hace traerlo a este espacio tan querido para mí, no es  tan sólo el hecho de  compartir  historias  de expectativas no cumplidas e ideas preconcebidas que se desmoronan rápidamente en el momento en el que  la realidad se impone.

Y es que  la lista de esos “pensé que nunca…” puede ser mucho más extensa si abrimos el abanico a todas las  facetas que hemos de desempeñar en nuestras vidas.

A menudo me descubro echando la vista atrás con cierta nostalgia,  situándome en otras etapas de mi vida en las que  era una joven inocente que tenía una enorme confianza en las personas y en la vida, pero con bastante poco conocimiento de sí misma, y de lo que significa madurar,  y que seguramente jamás pensó que esta aventura que es vivir, iba a resultar en no pocas ocasiones una tarea muy ardua.

Mucha de aquella inocencia sigue intacta en mí, y la confianza también, me gusta que así sea y es algo que no quiero que cambie, al menos no demasiado. Lo que sí voy transformando, o al menos intentando ablandar, son todos esos “pensé que nunca…”

Mi trabajo me permite llegar al fondo de lo que esconden estas creencias, algunas conscientes, otras soterradas en lo más profundo de la psique pero haciendo su fastidioso trabajo. Y es que rascando un poquito detrás de muchas historias de insatisfacción personal aparece un mismo enunciado: …yo nunca hubiera pensado… que cada uno completa de muy diversas maneras…  que iba a llevar una vida tan aburrida o estresada, o sin sentido…que  iba a ser una mujer separada…nunca pensé que fracasaría…era un estudiante brillante y mírame ahora…no entraba en mis planes tener 35 años y vivir con mis padres…

Generalmente son historias de  expectativas, unas veces propias y otras de terceros,  no cumplidas, que nos llevan a pensar y a sentir que no somos lo  suficiente.

Lo suficientemente buenos…brillantes…guapos…inteligentes…delgados…eficaces…buenos padres…Cada uno podría poner sus adjetivos favoritos.

Es esa creencia la que nos lleva a nadar en un mar de juicios devastadores,  reproches,  exigencia, perfeccionismo extremo…Sin duda,  el mejor caldo de cultivo para la infelicidad.

Salir de este atolladero requiere en primera instancia  renunciar a ser  quien pensamos que deberíamos ser, o renunciar a la vida que pensamos que deberíamos llevar. ¿A caso existe alguna  ley  universal que establezca  que  el ser humano ha de ser perfecto? ¿Quién dicta los criterios de perfección? ¿Lo que es perfecto para ti coincide con lo que lo es para mí? Puede que sí, pero  también pueden no coincidir.

De esta forma, citando a René Brown,  hemos de tener el coraje de reconocernos   imperfectos. Sólo así  se abrirá ante nosotros una nueva senda por la que transitar con autenticidad, libertad, humildad y felicidad.

 

 

 

Close your eyes

Esta canción de Michel Bublé que  me emociona mucho.   y aunque es una declaración de amor a una persona, yo la suelo utilizar en mis talleres como una declaración de amor hacia uno mismo. Ya que la mayoría de las canciones nos programan para que proyectemos el amor fuera de nosotros al igual que sucede cuando pensamos que hemos de buscar la felicidad “ahí afuera”.
Así que dirige tu mirada a tu interior y escucha:

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