Autoestima

¿Quién es tu invitado indeseado?

Si eres una mujer, sientes ansiedad y estás pensando en iniciar un proceso de terapia para sanar tu autoestima y alcanzar un mayor bienestar emocional, hay un aspecto importante que debes conocer:

El concepto de “El invitado indeseado”, tomado de la terapia de aceptación y compromiso de Steven Hayes, es una metáfora poderosa que ilustra cómo la actitud hacia lo que sentimos y/o pensamos es crucial para el proceso de sanar.

“Brian” como representa todas esas sensaciones, emociones o pensamientos que rechazamos por que nos resultan desagradables o los consideramos negativos. Este rechazo nos lleva a intentar controlar, ocultar o anestesiar lo que ocurre en nuestro interior. Sin embargo, como muestra el video, cuanto más lo rechazamos, más molesto y abrumador se vuelve ” ese invitado indeseado”.

Como ves, el reto consiste en aceptar a ” Brian” pero para poder hacerlo, es preciso que modifiquemos la manera en la que interpretamos todas estos estados desagradables.

Por eso has de comenzar por el principio, que es perder el miedo a sentir, confiando en que tu cuerpo es capaz de sostener cualquier emoción.

Ahora reflexiona ¿ Quién o qué es tu Brian?

¿Y tú que haces cuando estás mal?

¿Qué hago conmigo cuando estoy mal?

Si tu propósito es construir una autoestima sólida y equilibrada, algo que has de revisar necesariamente es el patrón de autocuidado que has ido adquiriendo a lo largo de los años.

Cuando estamos explorando este área, muchas de mis clientas suelen referir frases del tipo: Yo se cuidarme muy bien… me alimento de manera saludable… hago ejercicio… duermo ocho horasme doy caprichos…. Sin duda son aspectos que hablan de cómo nos cuidamos y, que por supuesto están muy bien. Sin embargo, estamos hablando de un concepto mucho más amplio, que no se puede reducir al hecho de incluir en nuestro día a día una serie de hábitos saludables.

El autocuidado consiste en buscar lo bueno para mí y gestionar el malestar de modo productivo. Consiste en velar por nuestro bien más valioso que somos nosotros mismos. Tratarnos bien, entendernos, y respetarnos sobre todo cuando estamos mal.

Anabel González

Esto último que la psiquiatra Anabel González advierte, me parece que tiene una enorme importancia: Tratarnos bien, entendernos y respetarnos sobre todo cuando estamos mal.

Y es que cuando por determinadas circunstancias, no has logrado adquirir un buen modelo para cuidar de ti misma de una manera adecuada, suele suceder que precisamente cuanto más compasiva, amable, paciente y amiga tuya deberías ser, haces justo lo contrario a lo que te vendría bien y te tratas mal.

¿Qué haces contigo cuando estás mal? ¿Qué te dices cuando las cosas no te van como te gustaría?

¿Qué piensas de tí misma cuando has cometido un error, o ves que caes en la misma piedra una y otra vez? ¿Cómo te tratas cuando no avanzas del modo quisieras?

Quiza…

Recurras al alcohol, tabaco o drogas en general con el objetivo de anestesiarte ante el dolor o el vacío.

Abandones hábitos que sabes que te hacen bien.

Asaltes la nevera y te atiborres con lo más insano que encuentres en ella.

Te hables como una fiscal implacable y te machaques con duras criticas.

Te metas presión con sentencias del tipo debería de hacer más… o no debería de sentirme así…ya tendría que haberlo superado…o no tendría que ser así…

Te aisles de los demás y no pidas ayuda.

Te tortures y te obsesiones con pensamientos catostrofistas.

Malos hábitos… conductas autodestructivas…aislamiento…autoabandono

De alguna manera nos cuidamos como nos cuidaron, es un aprendizaje que hemos realizado de manera automática e inconsciente, y que repetimos sin darnos cuenta una y otra vez.

La propuesta es que abandones esos automatismos y pases al modo manual, otorgándote a tí misma la categoría de aprendiz de autocuidado.

No lo olvides, estás aprendiendo, nadie nace sabida, así es que trátate con respeto, amabilidad y paciencia contigo y con tus dificultades, conviertete en tu mejor amiga y máxima aliada, pide ayuda cuando la necesites y déjate ayudar.

Estos buenos hábitos actuarán como unos sólidos cimientos para tu autoestima.



Si tan sólo pudieras amarte a ti misma…

“¿Qué tiene de malo ser una romántica?” Me preguntaba una persona al hilo de lo que escribí en un post anterior (“Nuestros vacíos. Parte II“) en el que yo apuntaba, con dedo acusador, hacia el amor romántico como una de las semillas que hacen germinar las relaciones basadas en la dependencia emocional. Ese modelo tantas veces proyectado en las películas, en las canciones, y en la literatura de éste género.

Tal y como le expuse a ella, creo que es necesario desprendernos de la alucinación que supone este modelo de “amor” ya que:

  • Promueve la desigualdad : La frágil y desvalida princesa que es salvada por un valiente y apuesto príncipe.
  • El sufrimiento: Es necesario pasar por un largo valle de lágrimas para finalmente conseguir ese supuesto amor y “ser felices para siempre”.
  • La posesión y el control: están en la base de un tipo de creencias del orden del “Tú eres mía” y “Yo soy tuya”.
  • La dependencia emocional: sustentada en creencias como “No puedo vivir sin ti”… “Te necesito”… “Sin ti mi vida no tiene sentido”… “Me muero sin ti”...

Cuando no nos damos el suficiente amor hacia nosotras mismas, inconscientemente estamos abonando un terreno idóneo para que crezcan en él este tipo de relaciones basadas en la dependencia emocional y, por lo tanto, en el sufrimiento sin fin.

La aspiración debe ser caminar hacia un tipo de amor consciente y adulto en el que dos iguales se relacionen entre sí. En el que no haya idealización, sino que podamos aceptar a la otra persona tal y como es, en lugar de quedarnos con aquellos aspectos que nos gusten y rechazando, o pretendiendo cambiar, otros que no nos agraden tanto. Un tipo de amor en el que seamos libres, y así nos sintamos, y en el que por supuesto no exista sufrimiento… ni renuncia… ni sacrificio… ni obligación de cumplir las expectativas del otr@. Se trata de un caminar más bien tranquilo, sin muchos picos ni valles, en el que amb@s podamos crecer.

Una vez más elijo la letra y la sensibilidad de Passenger para acompañar la reflexión del post de hoy: “Si tan sólo pudieras amarte de la misma forma en que yo te amo“… Escúchala, creo que este sería un modelo de romanticismo más sano.

Nuestros vacíos. Parte I

Vacío

¿Has experimentado alguna vez la sensación de vacío emocional ? ¿Esa sensación dolorosa que te conecta con el sentimiento de soledad ? Puede ser que antes de que se asome a tu conciencia, automáticamente hayas hecho algo así:

Suprimirla: esto es como empujarla hacia adentro.

Bloquearla: hay ocasiones es que consigue asomarse a nuestra conciencia, pero en cuanto la sentimos, la anulamos.

Evitarla: cambias mentalmente a otra cosa, evitas todo aquello que te conecte con ella, y así te evades con otros estímulos.

Controlarla: es como si te dijeras lo que puedes, y lo que no puedes sentir.

Combatirla: llenas ese vacío con algo externo.

Resulta tan enorme el malestar psicológico que ésta nos genera que recurrimos a todas las estrategias de protección que sean necesarias para evitar sentirlo.

Aparentemente suena bien, ¿verdad? Y es que… ¿a quién le gusta sentirse mal? Sin embargo, el hecho de que anestesies tus sensaciones más áridas puede ser una solución inmediata eficaz, pero recurrir a estas estrategias por sistema, a largo plazo supone un problema.

Y es que de ninguna manera significa que ese vacío haya desaparecido, si no que sigue estando ahí, en estado latente, en el centro de tu pecho o de tu estómago, acumulándose en tu interior generando un efecto bola de nieve.

Cualquier estrategia defensiva que empleemos nos librará de lo desagradable, pero va a tener un precio muy caro para ti: La desconexión de ti mism@.

Te desenchufas de una de las fuentes de información más valiosas de las que disponemos: de tus emociones y de tus sensaciones y, como consecuencia, de tus propias necesidades.

Y es que nuestras emociones son nuestra brújula, y nos ayudan a identificar lo que necesitamos en cada momento.

¿Te cuesta identificar lo que necesitas? ¿Lo que deseas? ¿Lo que es bueno para ti?

Si es así, ahí tienes un indicador de que te has desconectado de tí mism@ y caminas sin tu brújula interna por la vida.

Eres como un hojita que cae del árbol y el viento la lleva a donde quiere. Si das a parar a un lugar apacible y tranquilo no está mal. El problema surge cuando te lleva a la deriva o, peor aún, a rincones oscuros y peligrosos para tí que lamentablemente suelen ser la mayoría de las ocasiones.

Al mismo tiempo que te vas desconectando de ti, comienzas a enfocarte en otros objetos de atención que sacien ese vacío: en tu trabajo, en tu relación de pareja, en la crianza de tus hijos, en cultivar un cuerpo atlético, en cuidar a algún familiar, en salir de fiesta, en ir a la última, en la comida…

No es mi intención insinuar que centrarse en estos aspectos de la vida sea un error en sí mismo; de hecho nada de lo que hagas es un error, dado que hacemos lo que podemos para sentirnos bien o, al menos, para no sentirnos mal.

Sin embargo, cuando lo que hay detrás de tus acciones es miedo y evitación del dolor que te genera tu vacío, siempre va a tener consecuencias que te pasarán factura.

Ese vacío está ahí por alguna razón que has de descubrir, y que tarde o temprano has de atender.

Normalmente, detrás de esas carencias se esconden necesidades que no pudieron ser satisfechas en la infancia. Pero pretender completarse a uno mismo a través de algo o de alguien, es como estar en una especie de callejón sin salida, y es que es esencial que tengas presente que LA SALIDA ES HACIA ADENTRO!

Es Necesario que:

  • Pierdas el miedo de mirar tu vacío, y de atenderlo.
  • Tan sólo se trata de una sensación algo incómoda.
  • Confía en que puedes hacerte cargo de él y de sostenerte emocionalmente.
  • Date un espacio contigo para estar contigo cuando esas sensaciones difíciles asomen.
  • Grabate este mantra: SOLO LO QUE TÚ TE DES SACIARÁ EL VACÍO QUE SIENTES.
  • Verás como al escucharlo poco a poco se empieza a disipar, y aunque su huella no llega a desaparecer del todo, será más manejable.
  • Tan sólo así podrás sanar tus heridas y… crecer como adult@ en libertad.

Tenemos agujeros en nuestros corazones…

Tenemos agujeros en nuestras vidas…

Tenemos agujeros…

Pero seguimos adelante…

Passenger

Nuestro tiempo

Hay un tiempo para crecer…

Y así, casi sin darnos cuenta, llega Septiembre, mes en el que se recolectan dulces frutas y miel de las colmenas, tal y como me solía contar mi ama, que de estas cosas sabía mucho.

Un mes de calmada luz dorada para alumbrar nuevos propósitos… nuevos comienzos… nuevos desafíos.

Mi propósito es ser esa luz dorada que contribuya a iluminar tu oscuridad, y a esas sombras que te acechan y que te impiden caminar liger@. Ser esa luz que transforme la visión distorsionada y empequeñecida que tienes sobre ti mism@. Esa luz que transmuta tu perfeccionismo extremo y mirada autocrítica en una actitud amorosa, paciente y compasiva. Esa luz que te invita a quererte tal como eres. Esa luz que… TE DEJA EN PAZ.

Experimentar amor natural hacia uno mismo es complicado. Padecemos la enfermedad del perfeccionismo, de querer ser diferentes de lo que somos, de manipularnos y despreciarnos a nosotros mismos. Pero la autoestima natural no es una decisión que uno toma sobre sí mismo diciéndose que se quiere. Más bien es la vivencia constante de ser respetuoso con todo lo que sucede en uno en cada momento.

Joan Garriga

Es tiempo de de comenzar a ser respetuos@s con todo aquello que sucede en nosotr@s mismos, de practicar el autocuidado, el primer peldaño que has de ascender para sentir esa autoestima natural.

Es nuestro tiempo, es tu tiempo para crecer…

¿Por qué no puedo cambiar?

Siempre silbando la misma vieja canción…

Te has planteado alguna vez esta cuestión: “¿Por que no puedo cambiar? ¿Por qué por más que me empeñe siempre acabo en el mismo lugar, y con las mismas sensaciones? Y silbando la misma vieja canción?” Tal y  como se pregunta el cantante de Passenger, Michel David Rosemberg.

La respuesta a esta pregunta pasa por aceptar que si aspiramos a resolver los problemas que nos dificultan la vida en la actualidad, tenemos que comprendernos en un plano mucho más profundo, e ir hasta el lugar donde se alojan nuestros auténticos nudos emocionales, y nuestras heridas.

Quizás seas de las personas  que has dado ya muchas vueltas. Puede que  hayas  hecho un sin fin de terapias, y te hayas leído todo  lo que se publica en la sección de autoayuda. Y  desmotivada y aburrida, estés pensando: “¿Por qué  me cuesta tanto el cambio, si ya “sé” de dónde me viene todo?”

Es en este punto donde precisamente  reside la complejidad, y es que el proceso de cambio no pasa por una comprensión meramente intelectual de lo que nos sucede. Para que el verdadero cambio se produzca, hemos de aceptar,  reconocer  como propias ,  y dar un espacio a muchas vivencias, y emociones incomodas y dolorosas que han quedado enterradas en las profundidades de nuestro inconsciente.

Sólo después de este proceso sanador podrás empezar a desprogramar tus patrones adquiridos, y tus condicionamientos para comenzar a ensayar unos nuevos más actuales, y acordes con quién eres en realidad.

 Además, otro aspecto que nos dificulta este  proceso, es el hecho de que   nacemos con una serie de  mecanismos de autoprotección  para evitar tener contacto con  todo aquello que nuestro cerebro interprete como dañino, de modo que lo que hace es llevar todo aquello susceptible de ser “peligroso” para  nosotros a un rincón oscuro de nuestra psique, es decir, a nuestro inconsciente. 

Ahora bien,  que arrinconemos “la basura” no significa que esta no esté ejerciendo su influencia, ni que  no nos  esté perjudicando en nuestra vida actual. Todo lo contrario.  Si no la sacamos de ahí, cada vez habrá mas putrefacción y el riesgo de contaminación cada vez será más grande, y las consecuencias  de no hacerlo, cada vez más graves.

Estos mecanismos defensivos son los responsables que hacen que nos   quedemos en la superficie  acerca de lo  que nos sucede,  lo cual nos lleva a buscar soluciones también superficiales , muchas veces en forma de “cambio radical” como el  trabajo, la pareja, la casa o incluso la ciudad,  pensando que de este modo nuestra vida dará ese famoso giro de 180º tan deseado, y nuestros problemas desaparecerán.

Sin embargo, tal y como escuché decir a Joan Garriga,  tarde o temprano aparece ante nosotras un recipiente  de contenido similar aunque con una apariencia distinta, y así nos volvemos a descubrir  silbando siempre  la misma vieja canción , y  profundamente hundidas y decepcionadas, en el mejor de los casos, nos damos  cuenta de que  el “problema” no era la casa, o nuestra pareja, o  el jefe, o perder cinco kilos… o  nuestra madre…

El cambio es una puerta que hemos de abrir desde adentro, y nos pasamos algunas media vida y otras, más desdichadas, la vida entera tratando de abrir puertas con llaves equivocadas.  Por experiencia se que todo aquello de lo que huimos,  tiende a repetirse, para que nos demos cuenta, y nos  enfoquemos donde verdaderamente tenemos que poner el foco, que no es otro lugar más que en nuestro interior.

Uno de estos mecanismos a los que aludía es la  evitación y la huída. Yo  he sido una experta escapista, y he podido constatar cómo  a lo largo de mi vida me he ido encontrando con esos recipientes que menciona Garriga, cada vez más grandes y más difíciles de beber de ellos… Y es  que  las heridas no atendidas claman a gritos ser  sanadas, y el miedo no afrontado lucha por ser atendido.

Un día me detuve, y  empecé a hacerme cargo de mi miedo… de mi vergüenza… de mi ira…de mi rabia…  También de todo lo que había dado por sentando acerca de mí misma, sin contrastarlo con la realidad. Una parte importante del proceso de cambio es reconciliarnos con nosotras mismas y aceptar que  esas emociones, llamadas negativas,  también nos pertenecen, y  darnos cuenta de los recursos que tenemos para regularlas.

No te obsesiones, ni te detengas en los problemas que tienes con la comida y en qué dieta hacer, o en cómo verte más guapa, o en  tus relaciones de pareja que no te hacen feliz,  o en lo injusto que es tu jefe... Ve a tu vacío interior, a tu miedo primitivo, a tu niña interior herida, a tu sistema familiar, a tus pensamientos nucleares que originan tus condicionamientos.  Ve a los dogmas que aprendiste y  que inconscientemente  has dado por hecho.

En eso es en lo que hemos de adentrarnos  si queremos algún día dejar de plantearnos la frustrante pregunta: “¿Por qué no puedo cambiar?”, y poder empezar a silbar una nueva, motivante y liberadora  canción.

https://youtu.be/yCvEEx6z4Ts
Resumen de privacidad

Esta web utiliza cookies para que podamos ofrecerte la mejor experiencia de usuario posible. La información de las cookies se almacena en tu navegador y realiza funciones tales como reconocerte cuando vuelves a nuestra web o ayudar a nuestro equipo a comprender qué secciones de la web encuentras más interesantes y útiles.

Puedes revisar nuestra política de privacidad.