rabia

Emociones… deja que se expresen!

Energía en movimiento…

Un capítulo central de todos los procesos terapéuticos es aquel que tiene que ver con el mundo de las emociones. El objetivo es dejar de pelearnos con ellas, empezar a reconciliarnos con ellas, y activar nuestros recursos para regularlas.

Vivimos en un contexto sociocultural cuyas normas obstaculizan enormemente la expresión de determinadas emociones, las mal llamadas “emociones negativas”, obligándonos desde que éramos niñ@s a bloquear, esconder y reprimir algunas emociones como la rabia, la frustración, la tristeza o el miedo.

Este rechazo se refleja también en el lenguaje que se suele emplear a la hora de denominarlas: emociones negativas, emociones desagradables, emociones incómodas… Y culturalmente, dependiendo del contexto en el que hayamos crecido, o de cual sea nuestro género, se nos enseña que no es bueno, e incluso está prohibido manifestar determinadas expresiones emocionales.

Quizá resuenes con algún enunciado de este tipo:

No llores que no ha pasado nada...

No estés triste venga, vayamos a divertirnos…

Las niñas no gritan así… qué dirán los que te vean…

Los niños no lloran...eso es de cobardes…

Miedica…

No te enfades que no es para tanto…

Qué débil eres…

No te pongas como una loca…

Detrás de todas estas sentencias subyace la idea de que es malo sentirse así, y de que si damos salida a lo que sentimos seremos rechazad@s… no querid@s… ridiculizad@s… De modo que decidimos, inconscientemente, activar el mecanismo de la represión y del bloqueo de todas estas emociones tan malas.

Esto que hacemos supone sembrar una de las semillas de las dificultades, y problemas, que tendremos en nuestras vidas. Y es que las emociones son como el agua: necesitan fluir. Si entorpecemos su flujo natural, al igual que le ocurre al agua estancada, las emociones se pudren, y salen de maneras abruptas, disruptivas y poco sanas.

No podemos anular una parte que está en nosotros. No podemos decidir cómo funciona nuestro organismo, ni lo que sentimos. Y así, cuando la situación, por ejemplo, pida sentir rabia, sentiremos rabia. Sin embargo, al estar bloqueada, no habremos tenido la oportunidad de aprender a regularla, de modo que cuando esta emoción nos pida paso, puede elegir dos rutas alternativas a la expresión sana:

  1. La primera de las rutas es taparla, empujarla hacia dentro, literalmente nos la tragamos. De este modo, no tendremos acceso a ella para poder ponernos firmes, expresar lo que necesitamos, pelear por lo que nos importa… con las consecuencias que esta actitud conlleva.
  2. La segunda vía que puede seguir es quedarnos instalados en la rabia, como si nos quedásemos a vivir en ella. Y así, nos volvemos iracund@s, con ataques de ira desproporcionados, y nuestra vida gira en torno a defendernos de supuestos agresores, y supuestas injusticias.

Bloquearlas anula referencias sobre lo que ocurre, sobre cómo te influyen, y sobre lo que necesitas. De alguna manera, es como ir coj@ por la vida, ya que al anular una fuente de información enormemente valiosa, te quedas solamente con la información que proviene de tu razonamiento lógico, tu cerebro, el cual normalmente está distorsionado por todas las creencias limitadoras que has ido creando a lo largo de tu vida.

Después de todo esto, huelga decir que las emociones no son ni positivas ni negativas. Si las tienes es porque las necesitas, todas y cada una de ellas. Son una especie de sensor del que obtienes información importante para tí mism@. Se trata tan solo de aprender a regularlas, y para ello es necesario que:

  • Te permitas sentirlas: se expresan en tu cuerpo por medio de sensaciones físicas.
  • No te pelees con ellas, simplemente deja que se expresen. Si no las bloqueas, no permanecerán contigo mucho tiempo.
  • No les tengas miedo: sentir tristeza no significa que vas a estar triste hasta el fin de los tiempos. Es el modo que tiene tu cuerpo de purgarse, y de asimilar situaciones dolorosas.
  • Y así podrás empezar a saber qué hacer con tus estados emocionales y, sobre todo, qué no hacer. Eso es saber regularse emocionalmente.

En el siguiente vídeo, aparece la imagen que para mí mejor representa las emociones. Tú eres el cielo azul, y tus emociones son las nubes que aparecen y… desaparecen…

Porque… ¿sabes cómo se comportan estas nubes? Muy sencillo: vienen, se expresan y, si no las bloqueas, se van, lo mismo hacen tus emociones ¡Así de simple!

¿Por qué no puedo cambiar?

Siempre silbando la misma vieja canción…

Te has planteado alguna vez esta cuestión: “¿Por que no puedo cambiar? ¿Por qué por más que me empeñe siempre acabo en el mismo lugar, y con las mismas sensaciones? Y silbando la misma vieja canción?” Tal y  como se pregunta el cantante de Passenger, Michel David Rosemberg.

La respuesta a esta pregunta pasa por aceptar que si aspiramos a resolver los problemas que nos dificultan la vida en la actualidad, tenemos que comprendernos en un plano mucho más profundo, e ir hasta el lugar donde se alojan nuestros auténticos nudos emocionales, y nuestras heridas.

Quizás seas de las personas  que has dado ya muchas vueltas. Puede que  hayas  hecho un sin fin de terapias, y te hayas leído todo  lo que se publica en la sección de autoayuda. Y  desmotivada y aburrida, estés pensando: “¿Por qué  me cuesta tanto el cambio, si ya “sé” de dónde me viene todo?”

Es en este punto donde precisamente  reside la complejidad, y es que el proceso de cambio no pasa por una comprensión meramente intelectual de lo que nos sucede. Para que el verdadero cambio se produzca, hemos de aceptar,  reconocer  como propias ,  y dar un espacio a muchas vivencias, y emociones incomodas y dolorosas que han quedado enterradas en las profundidades de nuestro inconsciente.

Sólo después de este proceso sanador podrás empezar a desprogramar tus patrones adquiridos, y tus condicionamientos para comenzar a ensayar unos nuevos más actuales, y acordes con quién eres en realidad.

 Además, otro aspecto que nos dificulta este  proceso, es el hecho de que   nacemos con una serie de  mecanismos de autoprotección  para evitar tener contacto con  todo aquello que nuestro cerebro interprete como dañino, de modo que lo que hace es llevar todo aquello susceptible de ser “peligroso” para  nosotros a un rincón oscuro de nuestra psique, es decir, a nuestro inconsciente. 

Ahora bien,  que arrinconemos “la basura” no significa que esta no esté ejerciendo su influencia, ni que  no nos  esté perjudicando en nuestra vida actual. Todo lo contrario.  Si no la sacamos de ahí, cada vez habrá mas putrefacción y el riesgo de contaminación cada vez será más grande, y las consecuencias  de no hacerlo, cada vez más graves.

Estos mecanismos defensivos son los responsables que hacen que nos   quedemos en la superficie  acerca de lo  que nos sucede,  lo cual nos lleva a buscar soluciones también superficiales , muchas veces en forma de “cambio radical” como el  trabajo, la pareja, la casa o incluso la ciudad,  pensando que de este modo nuestra vida dará ese famoso giro de 180º tan deseado, y nuestros problemas desaparecerán.

Sin embargo, tal y como escuché decir a Joan Garriga,  tarde o temprano aparece ante nosotras un recipiente  de contenido similar aunque con una apariencia distinta, y así nos volvemos a descubrir  silbando siempre  la misma vieja canción , y  profundamente hundidas y decepcionadas, en el mejor de los casos, nos damos  cuenta de que  el “problema” no era la casa, o nuestra pareja, o  el jefe, o perder cinco kilos… o  nuestra madre…

El cambio es una puerta que hemos de abrir desde adentro, y nos pasamos algunas media vida y otras, más desdichadas, la vida entera tratando de abrir puertas con llaves equivocadas.  Por experiencia se que todo aquello de lo que huimos,  tiende a repetirse, para que nos demos cuenta, y nos  enfoquemos donde verdaderamente tenemos que poner el foco, que no es otro lugar más que en nuestro interior.

Uno de estos mecanismos a los que aludía es la  evitación y la huída. Yo  he sido una experta escapista, y he podido constatar cómo  a lo largo de mi vida me he ido encontrando con esos recipientes que menciona Garriga, cada vez más grandes y más difíciles de beber de ellos… Y es  que  las heridas no atendidas claman a gritos ser  sanadas, y el miedo no afrontado lucha por ser atendido.

Un día me detuve, y  empecé a hacerme cargo de mi miedo… de mi vergüenza… de mi ira…de mi rabia…  También de todo lo que había dado por sentando acerca de mí misma, sin contrastarlo con la realidad. Una parte importante del proceso de cambio es reconciliarnos con nosotras mismas y aceptar que  esas emociones, llamadas negativas,  también nos pertenecen, y  darnos cuenta de los recursos que tenemos para regularlas.

No te obsesiones, ni te detengas en los problemas que tienes con la comida y en qué dieta hacer, o en cómo verte más guapa, o en  tus relaciones de pareja que no te hacen feliz,  o en lo injusto que es tu jefe... Ve a tu vacío interior, a tu miedo primitivo, a tu niña interior herida, a tu sistema familiar, a tus pensamientos nucleares que originan tus condicionamientos.  Ve a los dogmas que aprendiste y  que inconscientemente  has dado por hecho.

En eso es en lo que hemos de adentrarnos  si queremos algún día dejar de plantearnos la frustrante pregunta: “¿Por qué no puedo cambiar?”, y poder empezar a silbar una nueva, motivante y liberadora  canción.

https://youtu.be/yCvEEx6z4Ts
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