regulación emocional

Nuestros vacíos. Parte I

Vacío

¿Has experimentado alguna vez la sensación de vacío emocional ? ¿Esa sensación dolorosa que te conecta con el sentimiento de soledad ? Puede ser que antes de que se asome a tu conciencia, automáticamente hayas hecho algo así:

Suprimirla: esto es como empujarla hacia adentro.

Bloquearla: hay ocasiones es que consigue asomarse a nuestra conciencia, pero en cuanto la sentimos, la anulamos.

Evitarla: cambias mentalmente a otra cosa, evitas todo aquello que te conecte con ella, y así te evades con otros estímulos.

Controlarla: es como si te dijeras lo que puedes, y lo que no puedes sentir.

Combatirla: llenas ese vacío con algo externo.

Resulta tan enorme el malestar psicológico que ésta nos genera que recurrimos a todas las estrategias de protección que sean necesarias para evitar sentirlo.

Aparentemente suena bien, ¿verdad? Y es que… ¿a quién le gusta sentirse mal? Sin embargo, el hecho de que anestesies tus sensaciones más áridas puede ser una solución inmediata eficaz, pero recurrir a estas estrategias por sistema, a largo plazo supone un problema.

Y es que de ninguna manera significa que ese vacío haya desaparecido, si no que sigue estando ahí, en estado latente, en el centro de tu pecho o de tu estómago, acumulándose en tu interior generando un efecto bola de nieve.

Cualquier estrategia defensiva que empleemos nos librará de lo desagradable, pero va a tener un precio muy caro para ti: La desconexión de ti mism@.

Te desenchufas de una de las fuentes de información más valiosas de las que disponemos: de tus emociones y de tus sensaciones y, como consecuencia, de tus propias necesidades.

Y es que nuestras emociones son nuestra brújula, y nos ayudan a identificar lo que necesitamos en cada momento.

¿Te cuesta identificar lo que necesitas? ¿Lo que deseas? ¿Lo que es bueno para ti?

Si es así, ahí tienes un indicador de que te has desconectado de tí mism@ y caminas sin tu brújula interna por la vida.

Eres como un hojita que cae del árbol y el viento la lleva a donde quiere. Si das a parar a un lugar apacible y tranquilo no está mal. El problema surge cuando te lleva a la deriva o, peor aún, a rincones oscuros y peligrosos para tí que lamentablemente suelen ser la mayoría de las ocasiones.

Al mismo tiempo que te vas desconectando de ti, comienzas a enfocarte en otros objetos de atención que sacien ese vacío: en tu trabajo, en tu relación de pareja, en la crianza de tus hijos, en cultivar un cuerpo atlético, en cuidar a algún familiar, en salir de fiesta, en ir a la última, en la comida…

No es mi intención insinuar que centrarse en estos aspectos de la vida sea un error en sí mismo; de hecho nada de lo que hagas es un error, dado que hacemos lo que podemos para sentirnos bien o, al menos, para no sentirnos mal.

Sin embargo, cuando lo que hay detrás de tus acciones es miedo y evitación del dolor que te genera tu vacío, siempre va a tener consecuencias que te pasarán factura.

Ese vacío está ahí por alguna razón que has de descubrir, y que tarde o temprano has de atender.

Normalmente, detrás de esas carencias se esconden necesidades que no pudieron ser satisfechas en la infancia. Pero pretender completarse a uno mismo a través de algo o de alguien, es como estar en una especie de callejón sin salida, y es que es esencial que tengas presente que LA SALIDA ES HACIA ADENTRO!

Es Necesario que:

  • Pierdas el miedo de mirar tu vacío, y de atenderlo.
  • Tan sólo se trata de una sensación algo incómoda.
  • Confía en que puedes hacerte cargo de él y de sostenerte emocionalmente.
  • Date un espacio contigo para estar contigo cuando esas sensaciones difíciles asomen.
  • Grabate este mantra: SOLO LO QUE TÚ TE DES SACIARÁ EL VACÍO QUE SIENTES.
  • Verás como al escucharlo poco a poco se empieza a disipar, y aunque su huella no llega a desaparecer del todo, será más manejable.
  • Tan sólo así podrás sanar tus heridas y… crecer como adult@ en libertad.

Tenemos agujeros en nuestros corazones…

Tenemos agujeros en nuestras vidas…

Tenemos agujeros…

Pero seguimos adelante…

Passenger

Emociones… deja que se expresen!

Energía en movimiento…

Un capítulo central de todos los procesos terapéuticos es aquel que tiene que ver con el mundo de las emociones. El objetivo es dejar de pelearnos con ellas, empezar a reconciliarnos con ellas, y activar nuestros recursos para regularlas.

Vivimos en un contexto sociocultural cuyas normas obstaculizan enormemente la expresión de determinadas emociones, las mal llamadas “emociones negativas”, obligándonos desde que éramos niñ@s a bloquear, esconder y reprimir algunas emociones como la rabia, la frustración, la tristeza o el miedo.

Este rechazo se refleja también en el lenguaje que se suele emplear a la hora de denominarlas: emociones negativas, emociones desagradables, emociones incómodas… Y culturalmente, dependiendo del contexto en el que hayamos crecido, o de cual sea nuestro género, se nos enseña que no es bueno, e incluso está prohibido manifestar determinadas expresiones emocionales.

Quizá resuenes con algún enunciado de este tipo:

No llores que no ha pasado nada...

No estés triste venga, vayamos a divertirnos…

Las niñas no gritan así… qué dirán los que te vean…

Los niños no lloran...eso es de cobardes…

Miedica…

No te enfades que no es para tanto…

Qué débil eres…

No te pongas como una loca…

Detrás de todas estas sentencias subyace la idea de que es malo sentirse así, y de que si damos salida a lo que sentimos seremos rechazad@s… no querid@s… ridiculizad@s… De modo que decidimos, inconscientemente, activar el mecanismo de la represión y del bloqueo de todas estas emociones tan malas.

Esto que hacemos supone sembrar una de las semillas de las dificultades, y problemas, que tendremos en nuestras vidas. Y es que las emociones son como el agua: necesitan fluir. Si entorpecemos su flujo natural, al igual que le ocurre al agua estancada, las emociones se pudren, y salen de maneras abruptas, disruptivas y poco sanas.

No podemos anular una parte que está en nosotros. No podemos decidir cómo funciona nuestro organismo, ni lo que sentimos. Y así, cuando la situación, por ejemplo, pida sentir rabia, sentiremos rabia. Sin embargo, al estar bloqueada, no habremos tenido la oportunidad de aprender a regularla, de modo que cuando esta emoción nos pida paso, puede elegir dos rutas alternativas a la expresión sana:

  1. La primera de las rutas es taparla, empujarla hacia dentro, literalmente nos la tragamos. De este modo, no tendremos acceso a ella para poder ponernos firmes, expresar lo que necesitamos, pelear por lo que nos importa… con las consecuencias que esta actitud conlleva.
  2. La segunda vía que puede seguir es quedarnos instalados en la rabia, como si nos quedásemos a vivir en ella. Y así, nos volvemos iracund@s, con ataques de ira desproporcionados, y nuestra vida gira en torno a defendernos de supuestos agresores, y supuestas injusticias.

Bloquearlas anula referencias sobre lo que ocurre, sobre cómo te influyen, y sobre lo que necesitas. De alguna manera, es como ir coj@ por la vida, ya que al anular una fuente de información enormemente valiosa, te quedas solamente con la información que proviene de tu razonamiento lógico, tu cerebro, el cual normalmente está distorsionado por todas las creencias limitadoras que has ido creando a lo largo de tu vida.

Después de todo esto, huelga decir que las emociones no son ni positivas ni negativas. Si las tienes es porque las necesitas, todas y cada una de ellas. Son una especie de sensor del que obtienes información importante para tí mism@. Se trata tan solo de aprender a regularlas, y para ello es necesario que:

  • Te permitas sentirlas: se expresan en tu cuerpo por medio de sensaciones físicas.
  • No te pelees con ellas, simplemente deja que se expresen. Si no las bloqueas, no permanecerán contigo mucho tiempo.
  • No les tengas miedo: sentir tristeza no significa que vas a estar triste hasta el fin de los tiempos. Es el modo que tiene tu cuerpo de purgarse, y de asimilar situaciones dolorosas.
  • Y así podrás empezar a saber qué hacer con tus estados emocionales y, sobre todo, qué no hacer. Eso es saber regularse emocionalmente.

En el siguiente vídeo, aparece la imagen que para mí mejor representa las emociones. Tú eres el cielo azul, y tus emociones son las nubes que aparecen y… desaparecen…

Porque… ¿sabes cómo se comportan estas nubes? Muy sencillo: vienen, se expresan y, si no las bloqueas, se van, lo mismo hacen tus emociones ¡Así de simple!

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