aceptación

Tu ansiedad tiene un mensaje para tí

...el loto no puede crecer sin el lodo

En entradas anteriores te contaba cómo este confinamiento que estamos viviendo ha accionado el botón del MIEDO, lo que está propiciando que se nos reactiven viejas heridas, antiguas experiencias emocionales y, cómo no, la palabra ANSIEDAD se haya colado en muchos hogares.

Mi agenda de consultas online está a rebosar estos días, y los síntomas relacionados con el estrés y la ansiedad han cobrado casi todo el protagonismo.

Por este motivo hoy quiero detenerme en este tema con el propósito de invitarte a que comiences a mirar a tu ansiedad con otros ojos.

Creo que es necesario que tengas en cuenta que la ansiedad no es una enfermedad que haya que combatir luchando contra ella o controlándola. Tan sólo es la consecuencia de un desequilibro que se ha dado en la regulación natural de tu cuerpo.

Esta entrada pretende ser una invitación para que cambies tu mirada hacia tí mism@ y hacia tu ansiedad, y consigas contemplarla como ese lodo que hace posible que una magnífica flor de loto pueda desarrollarse a partir de él en todo su esplendor.

La ansiedad es una llamada de atención de ti mism@ para ti mism@ para decirte que ha llegado el momento de evolucionar. El camino no es eliminar, combatir o controlar eso que sientes, sino aceptar, escuchar y entender para poder transformarla en libertad.

La ansiedad tiene un mensaje para ti. Tan sólo tienes que estar atent@, detenerte y escucharlo, y para ello, una vez más, he de decirte que has de mirar en tu interior para ver si:

  • Quizás te has ido mucho al escudo de tu mente , te has desconectado de tu cuerpo y de tus emociones, y de las pequeñas señales que tu cuerpo ya te estaba emitiendo antes de presentar ansiedad en forma de contracturas, dolores de cabeza, nauseas, colitis, insomnio, irritabilidad…
  • Quizás es el momento de atender tus necesidades tanto físicas como emocionales.
  • Quizás necesitas conectar con lo que sientes y reconocer el poder de tu sensibilidad en lugar de esconderla.

Otro mensaje que te está queriendo mostrar es que ya no te sirve, ni es bueno para ti, continuar con ciertas estrategias de protección que aprendiste para sobrevivir, como:

  • Tu necesidad de tener todo bajo control…
  • Anticiparte a los problemas…
  • Vivir en estado de alerta y con preocupación…
  • Tu autoexigencia y perfeccionismo extremo…
  • La voz tan crítica con la que te hablas…

Así es que si ya tienes síntomas de ansiedad, es importante que comiences un recorrido en este orden:

1.Conecta con tus emociones y permítete sentirlas.

2.Descarga tensiones físicas.

3. Aplica el autocuidado a todos los niveles: nutrición, sueño, ejercicio físico y meditación.

4. Activa tu amor propio y tu autocompasión: Adopta una actitud amable, paciente, comprensiv@ y tolerante con lo que sientes y con lo que te pasa… Trátate con cariño, sobre todo con lo que menos te gusta de tí mism@, esto hará que eso que no te gusta, pierda peso e influencia sobre tí.

5. Deja de culparte, victimizarte y criticarte.

6. Comienza a tomar conciencia de tu contenido mental, y de tus pensamientos irracionales. Darte cuenta de que el mero hecho de pensar algo, no convierte a eso que estás pensando en real, es el proceso que te permite empezar a cuestionar tus propios pensamientos. Este punto es muy importante ya que sobre tus pensamientos has construido todos tus MIEDOS.

7. Una vez identificado en qué se fundamente tu MIEDO, afróntalo.

8. A partir de aquí habrás empezado a conectar con el amor y la sensibilidad que hay en tí y… comenzarás a ser libre .

Los principios de simplicidad en los que se fundamenta la filosofía oriental siempre me parecen adecuados, y en este este contexto de miedo en el que vivimos me parecen una herramienta indispensable.

Hoy quiero que te introduzcas en el Wu Wei del taoísmo: muy resumidamente, el Wu wei es un concepto que propone la «no acción» como forma de enfrentarnos a las situaciones. No significa no hacer nada, sino no forzar los acontecimientos. Tomar una medida es hacer, es cambiar el natural fluir de la vida.

Luchar para que la realidad, nosotr@s mismos, y lo que sentimos sea diferente a lo que es, es lo contrario a lo que hemos de hacer…

Deja de luchar, deja de oponerte, deja de pelearte…

Déjate fluir y deja que la vida fluya

Desintoxica tu corazón

Un corazón lleno de miedo es un corazón lleno de toxinas

Tus miedos son tu vívida imaginación.

Tus miedos son la anticipación de lo que pudiera o no pudiera suceder.

Tu miedo es tu incapacidad de comunicarte.

Tu miedo es tu odio irracional.

Tu miedo es un engaño que surge de tu pensamiento tóxico.

Tus miedos se han convertido en los fantasmas que persiguen tu corazón.

Tu mente poderosa se ha apoderado de tu corazón.

Texto extraído de “Desintoxica tu corazón”. Valerie Mason-John.

En un clima emocional de MIEDO y de ansiedad como el que estamos viviendo, hemos de buscar en nuestro baúl de recursos personales aquellas herramientas y actitudes de las que nos podamos servir para llevar esta situación de la mejor manera posible.

Lo más importante de todo es que seas consciente, en todo momento, de que tu único deber es estar todo lo mejor que puedas, y que si te da por emprender un proyecto que tenías aparcado, está muy bien. Si te apetece ponerte a pintar acuarelas, también. Si has empezado a meditar, o a hacer deporte en casa… también lo está. Lo que no es recomendable es que lo hagas por que te sientes presionad@, o sientas que no aprovechas el tiempo como deberías… esto no hace mas que añadir más presión, y más ansiedad a este momento que ya es ansiógeno en sí mismo.

En este sentido, creo que es importante tener presente que no estamos de vacaciones, ni disfrutando de unos días de tiempo libre. Estamos viviendo una crisis a nivel mundial con consecuencias terribles para la salud, para la economía, y para nuestros estados mentales y emocionales.

El objetivo de esta entrada es profundizar en estos estados, incluyendo un factor que hemos de tener en cuenta estos días de cara a cuidarnos de la mejor manera que nos sea posible.

Esta situación generadora de miedo y de ansiedad puede hacer que se nos actualicen, agudicen o emerjan viejos patrones de comportamiento que creíamos ya superados, o que aquellos demonios interiores que nos acechaban vuelvan a cobrar protagonismo, haciendo que esos odiosos fantasmas que pensabas tener controlados, quizá te den la lata con mayor intensidad.

Tanto si ya estás inmers@ en un proceso terapéutico, como si no, esta reflexión es para que no caigas en la desesperanza, ni en la desesperación ante la falsa idea que puede surgir en tu mente de que “ya estás otra vez con lo mismo de siempre”, con tus mismos miedos, tus mismas ideas obsesivas, tu misma inseguridad, y tus mismos vicios… Es natural que en estas circunstancias esto suceda. Lo único que puedes hacer es transformar lo que estás sintiendo, y crecer a partir de ello.

Tod@s tenemos un enorme baúl de recursos para hacer frente a la adversidad, muchos aún sin explotar. Se trata de que activemos aquellos que nos pueden ayudar en este crecimiento.

Te diré los que para mí son imprescindibles en estos momentos:

1. Toma contacto contigo mism@, y con lo que sientes:

De igual modo que atiendes y dejas estar tus sensaciones agradables, cuando te asalte el miedo o cualquier sensación incómoda (ansiedad, preocupación, tristeza, desolación,…), atiéndela igualmente, no huyas de ella. Contémplala como si fuera una nube en un cielo azul que viene, se expresa, y se va, dando paso a otras nubes que aparecen. Si te permites hacer este ejercicio, comprobarás cómo esta incomodidad no se quedará dentro de ti durante mucho tiempo.

2. Activa una actitud compasiva y amable contigo mism@, y con los demás:

Permite abandonar las críticas, las exigencias y los juicios. Esto te hará bajar tu nivel de autoexigencia unos cuantos peldaños, lo cual a su vez hará que no seas tan exigente con los que te rodean.

3. Extrae los aspectos positivos del momento, y utiliza el sentido del humor haciendo de ello un hábito.

Toda situación, por muy desagradable que ésta sea, entraña algo positivo, se trata de saber mirar y extraer el aprendizaje.

Además, hacer uso del sentido del humor, que tod@s poseemos, es un buen ejercicio y un buen recurso de cara a atravesar esta situación de cuarentena que estamos viviendo de una manera más amable.

La adversidad ha llamado a nuestras puertas y ha venido para quedarse durante más tiempo del que nos gustaría. Por lo tanto, en estos momentos cuando aprender a regular y gestionar nuestras emociones cobra aún mayor importancia.

Es necesario que empecemos a ir en contra de nuestra tendencia de querer evitar sentirnos tristes, perdid@s, insegur@s, aterrad@s… y hacer como que no pasa nada, como que todo va bien, porque… ¿sabes qué? Que esconder nuestras emociones no hace que desaparezcan. Estas emociones que no quieres atender permanecen en ti, se quedan atrapadas en nuestros corazones, tal y como lo expresa maravillosamente en “Desintoxica tu corazón”, Valerie Jason- John:

Las sensaciones incomodas que nos conectan con nuestra vulnerabilidad se transforman en toxinas para nuestro corazón en forma de ira y odio. Un corazón lleno de miedo es un corazón lleno de toxinas.

Te invito a intentar lo siguiente:

1. Sé consciente de lo que ocurre cuando rechazas tus emociones queriendo quitártelas de encima. Empezarás a tensarte y a sentirte mal, y cada vez más inundad@ por ellas hasta que las atiendas, las transites, y se puedan transformar.

2. Atender tus emociones no significa otra cosa mas que ser testigo de ellas: comienza a observarlas y aceptarlas.

3. Deja que se expresen. Deja que te atraviesen. Tan sólo tienes que observarlas, ser testigo, y respirarlas.

Este es el proceso que permite que tus emociones se disipen y transformen. Permítete vivir una situación como esta de confinamiento, y falta de libertad, desde el amor y la confianza, en coherencia emocional, en lugar de vivirla desde el miedo, el sufrimiento y la carga.

Tan sólo tienes que respirar…

¿Por qué no puedo cambiar?

Siempre silbando la misma vieja canción…

Te has planteado alguna vez esta cuestión: “¿Por que no puedo cambiar? ¿Por qué por más que me empeñe siempre acabo en el mismo lugar, y con las mismas sensaciones? Y silbando la misma vieja canción?” Tal y  como se pregunta el cantante de Passenger, Michel David Rosemberg.

La respuesta a esta pregunta pasa por aceptar que si aspiramos a resolver los problemas que nos dificultan la vida en la actualidad, tenemos que comprendernos en un plano mucho más profundo, e ir hasta el lugar donde se alojan nuestros auténticos nudos emocionales, y nuestras heridas.

Quizás seas de las personas  que has dado ya muchas vueltas. Puede que  hayas  hecho un sin fin de terapias, y te hayas leído todo  lo que se publica en la sección de autoayuda. Y  desmotivada y aburrida, estés pensando: “¿Por qué  me cuesta tanto el cambio, si ya “sé” de dónde me viene todo?”

Es en este punto donde precisamente  reside la complejidad, y es que el proceso de cambio no pasa por una comprensión meramente intelectual de lo que nos sucede. Para que el verdadero cambio se produzca, hemos de aceptar,  reconocer  como propias ,  y dar un espacio a muchas vivencias, y emociones incomodas y dolorosas que han quedado enterradas en las profundidades de nuestro inconsciente.

Sólo después de este proceso sanador podrás empezar a desprogramar tus patrones adquiridos, y tus condicionamientos para comenzar a ensayar unos nuevos más actuales, y acordes con quién eres en realidad.

 Además, otro aspecto que nos dificulta este  proceso, es el hecho de que   nacemos con una serie de  mecanismos de autoprotección  para evitar tener contacto con  todo aquello que nuestro cerebro interprete como dañino, de modo que lo que hace es llevar todo aquello susceptible de ser “peligroso” para  nosotros a un rincón oscuro de nuestra psique, es decir, a nuestro inconsciente. 

Ahora bien,  que arrinconemos “la basura” no significa que esta no esté ejerciendo su influencia, ni que  no nos  esté perjudicando en nuestra vida actual. Todo lo contrario.  Si no la sacamos de ahí, cada vez habrá mas putrefacción y el riesgo de contaminación cada vez será más grande, y las consecuencias  de no hacerlo, cada vez más graves.

Estos mecanismos defensivos son los responsables que hacen que nos   quedemos en la superficie  acerca de lo  que nos sucede,  lo cual nos lleva a buscar soluciones también superficiales , muchas veces en forma de “cambio radical” como el  trabajo, la pareja, la casa o incluso la ciudad,  pensando que de este modo nuestra vida dará ese famoso giro de 180º tan deseado, y nuestros problemas desaparecerán.

Sin embargo, tal y como escuché decir a Joan Garriga,  tarde o temprano aparece ante nosotras un recipiente  de contenido similar aunque con una apariencia distinta, y así nos volvemos a descubrir  silbando siempre  la misma vieja canción , y  profundamente hundidas y decepcionadas, en el mejor de los casos, nos damos  cuenta de que  el “problema” no era la casa, o nuestra pareja, o  el jefe, o perder cinco kilos… o  nuestra madre…

El cambio es una puerta que hemos de abrir desde adentro, y nos pasamos algunas media vida y otras, más desdichadas, la vida entera tratando de abrir puertas con llaves equivocadas.  Por experiencia se que todo aquello de lo que huimos,  tiende a repetirse, para que nos demos cuenta, y nos  enfoquemos donde verdaderamente tenemos que poner el foco, que no es otro lugar más que en nuestro interior.

Uno de estos mecanismos a los que aludía es la  evitación y la huída. Yo  he sido una experta escapista, y he podido constatar cómo  a lo largo de mi vida me he ido encontrando con esos recipientes que menciona Garriga, cada vez más grandes y más difíciles de beber de ellos… Y es  que  las heridas no atendidas claman a gritos ser  sanadas, y el miedo no afrontado lucha por ser atendido.

Un día me detuve, y  empecé a hacerme cargo de mi miedo… de mi vergüenza… de mi ira…de mi rabia…  También de todo lo que había dado por sentando acerca de mí misma, sin contrastarlo con la realidad. Una parte importante del proceso de cambio es reconciliarnos con nosotras mismas y aceptar que  esas emociones, llamadas negativas,  también nos pertenecen, y  darnos cuenta de los recursos que tenemos para regularlas.

No te obsesiones, ni te detengas en los problemas que tienes con la comida y en qué dieta hacer, o en cómo verte más guapa, o en  tus relaciones de pareja que no te hacen feliz,  o en lo injusto que es tu jefe... Ve a tu vacío interior, a tu miedo primitivo, a tu niña interior herida, a tu sistema familiar, a tus pensamientos nucleares que originan tus condicionamientos.  Ve a los dogmas que aprendiste y  que inconscientemente  has dado por hecho.

En eso es en lo que hemos de adentrarnos  si queremos algún día dejar de plantearnos la frustrante pregunta: “¿Por qué no puedo cambiar?”, y poder empezar a silbar una nueva, motivante y liberadora  canción.

https://youtu.be/yCvEEx6z4Ts

Las crisis son oportunidades para un cambio a mejor

Crisis…oportunidad….

Maite, haz algo útil y valioso de todo esto… Era la vocecilla que una parte de mí repetía sin cesar a lo largo de este tiempo en el que he vivido una gran convulsión en muchas parcelas de mi vida.

El cambio es algo natural en los seres vivos. Los grandes maestros afirman que en la naturaleza todo lo que no está creciendo, se está muriendo. Sin embargo,  las personas, en mayor o menor grado, tenemos cierta alergia al cambio y nos resistimos a él.

Pero tal y como Rut Nieves afirma en su libro, “Haz tus sueños realidad”:

A veces es necesario que una relación muera para que una nueva vuelva a nacer.

A veces es necesario que lo viejo se rompa para construir algo nuevo más grande y más bello.

A veces es necesario tirar todo lo que el ego ha levantado para poder levantar una nueva vida sobre los cimientos del amor, del perdón, de la dicha, de la abundancia y de la verdad.

A veces es necesario que el pasado  muera para que un nuevo futuro pueda nacer.

A lo largo de todo este año que hoy finaliza he estado muy callada, al menos en este espacio,  pero a la vez muy atenta a todo lo que se iba moviendo dentro de mí, para así poder hacer caso a esa vocecilla que me repetía, sin cesar, que algo bueno debía de salir de todo el fango emocional por el que he transitado.

De este modo, he tratado de poner conciencia, pudiéndome dar  cuenta de mis patrones repetidos tantas y tantas veces. De mis creencias limitantes. De lo que pasaba en mi cuerpo, no sólo en mi mente. De mis emociones.

Y no he salido huyendo como en otras ocasiones. Y es que con los años me fui convirtiendo  en escapista profesional, pensando que así evitaba el dolor y el trago amargo,  sin darme cuenta de que no pasaba mucho tiempo para encontrar ante mí un vaso de contenido parecido. Y es que todo aquello de lo que huimos, sin resolver, se repite. No he evitado, no he negado, he estado ahí, sosteniéndome unas veces mejor que otras.

He pedido ayuda para poder comprender e integrar todo lo vivido, y he aprendido muchísimo. Este aprendizaje es lo que quiero compartir contigo a partir de hoy.

En este sentido, 2019 va a ser otro año de cambio. Esta vez los reflejos del cambio se van plasmar en mi trabajo, de modo que este blog permanecerá “callado” durante un tiempo más, hasta que pueda conseguir plasmar lo que mi vocecita sabia me aconsejaba… Maite haz algo útil y valioso de todo esto.

De momento, te  dejo un vídeo muy casero, que he creado con la ayuda de mi hija Libe, que representa cómo las emociones nos inundan, y se van sucediendo como las estaciones del año…

Y es que las crisis son oportunidades para un cambio a mejor. De hecho, el momento más oscuro es justo antes del amanecer…Tan sólo tenemos que permanecer en él siendo  conscientes de que eso también pasará.

Feliz Año Nuevo!

Cosecha de Septiembre

Inteligencia…Belleza…Serenidad… Bondad…Valentía…Aceptación…Sentido del humor… Paz… Son tan sólo algunas de las cualidades que veo en mi madre, cualidades éstas que  nacen de ella  de una manera  fácil, como si nada, natural, sin esfuerzo.

Experta en que parezca sencillo lo que no es nada sencillo, es además, la mayor maestra que conozco en el arte de aceptar la vida tal cual es. Tanto es así, que mi hija Libe suele decirle: “Amama, un día ves un elefante en la cocina, y te quedas tan ancha,  hasta lo invitarías a comer”…Y es que seguramente la vida, no demasiado fácil que ha tenido haya servido de nutritivo abono para que se de lo que se tenga que dar, sin juicio y sin resistencia.

Casi sin hacer ruido, haciendo un enorme trabajo interno pero sin que parezca que lo está haciendo, ha ido aceptando un frustrante y doloroso “regalo” que la vida le ha ofrecido y que  poco a poco ha ido borrando sus palabras hasta impedirle la comunicación con el lenguaje hablado, al menos con un lenguaje comprensible.

Consciente de que soy bastante más ruidosa que ella, y  de que me cuesta salir de lo que se agita en mi interior, con gran esfuerzo, voy soltando  y despidiéndome de la imagen interna que tengo de ella y que desde niña he ido moldeando en forma  de mujer “ casi todopoderosa”, a pesar de lo cual,  aún me vienen a visitar la impotencia, el enfado y la tristeza y continúo echando muchísimo de menos aquellas conversaciones que manteníamos, en las que sin grandes razonamientos, ni palabras grandilocuentes me reconfortaba, me aconsejaba, y me apoyaba en todo lo que me he ido proponiendo.

Ahora intento reemplazar aquella imagen  por una más actual,  la de una mujer que necesita ayuda para comunicarse  y que  cuiden un poco de ella,  que continúa apoyándome  sin necesidad de utilizar palabras, que continúa riendo y canturreando a pesar de su frustración,  y continúa  mostrándome su amor incondicional.

Cada verano representa una oportunidad para situarme en ese otro lugar, ya que Gorliz y la casa familiar donde he pasado cada verano de mi vida hacen de perfecto escenario para que yo pueda aprender, disfrutar  y prestar atención  a cada detalle.

Y así, casi sin darme cuenta, Llega Septiembre, mes en el que se recolectan dulces frutas y miel de las colmenas,  tal y como me solía contar mi ama, que de estas cosas sabía mucho.

Mi cosecha tras este periodo estival es muy personal y cobra la forma de una bonita energía surgida de convivir y compartir  las vivencias de tres generaciones de mujeres, cada una con su propia esencia y su momento vital: La serenidad de mi madre,  la locuacidad y vivacidad de mi hija mayor Libe, la inocencia y ternura de mi pequeña June, junto a la “buscadora de sí misma” que soy yo.

 

….Feliz Septiembre!

Un vehículo para transportar el alma

alas“Si pudieras cambiar una parte de tu cuerpo, ¿Qué cambiarías?

Ehhhhhh??…  Cambiar una parte???? …No te entiendo!

Si, imagina que un hada te concediese un deseo, de tal manera que podrías cambiar algo de tu cuerpo. ¿Qué cambiarías?

Yo que se… ¿un brazo? No entiendo ama…

No tienes por qué decir nada en concreto. Igual estás a gusto con tu cuerpo, tal y como está, y no es necesario que te fuerces a decir algo. Es una pregunta sin más.

Ahhh si si si…Ya sé que cambiaría! Tener alas! Me encantarían unas alas para volar.

¿Para que me preguntas esto tan raro ama????”

( Extracto de conversación con  mi hija Libe)

Hace poco circulaba un video por las redes en el que hacían esta pregunta a personas adultas de distintas edades y a niños. Los adultos, salvo alguna excepción, manifestaron su incomodidad con alguna parte de su cuerpo, y expresaban sus deseos de cambiar esta o  aquella parte, mientras que los niños  se quedaban  un poco alucinados ante la pregunta, y expresaban cosas como: tener alas o cola de sirena, o que no cambiarían nada porque  les gustaba su cuerpo tal y como era…

Me considero una madre que pone la intención en educar a sus hijas de manera que tengan una autoestima lo más  equilibrada posible. Y aunque la relación con el propio cuerpo es tan sólo una parte de nuestra autoestima, el vídeo me sirvió para  comprobar si esos efectos habían comenzado a interferir en la felicidad de Libe, mi hija mayor que tiene  8 años.

En primer lugar, me encantó que no entendiera la pregunta .”No concibe eso de que no le guste algo de sí misma” -pensé de inmediato- al contemplar cómo me miraba con los ojos  como platos, como pensando que su madre estaba un poco loca esa mañana. Pero sin duda  lo que más me gustó fue su repuesta, “tener alas”. La conversación siguió un buen rato más a cerca de “lo guay” que sería eso de tener alas y poder volar…

El texto que encontrarás a continuación de Sara Koppelkam refleja maravillosamente un aspecto del post de hoy. Personalmente me quedo con la última frase: Recuérdale a tu hija que lo mejor que puede hacer con su cuerpo es usarlo como un vehículo para transportar su preciosa alma. Y  aunque va dirigido a las niñas, me parece que es aplicable a ambos sexos:

Primer paso sobre cómo hablar con tu hija sobre su cuerpo: no hables con tu hija sobre su cuerpo, salvo para enseñarle cómo funciona.

No le digas nada si adelgaza. No le digas nada si engorda.

Si crees que tu hija tiene un cuerpo espectacular, no se lo digas. Aquí tienes algunas cosas que sí le puedes decir:

“¡Se te ve muy sana!” es una frase genial.

O también “¡Qué fuerte estás!”

“Se nota lo feliz que eres: ¡estás resplandeciente!”

O mejor todavía, hazle un cumplido sobre algo que no tenga nada que ver con su cuerpo.

Y tampoco digas nada sobre el cuerpo de otras mujeres. Nada. Ni una sola palabra, ni buena ni mala.

Enséñale a ser amable con los demás, pero también consigo misma.

Ni se te ocurra comentar cuánto odias tu cuerpo delante de tu hija ni hablar sobre tu nueva dieta. De hecho, no hagas dieta delante de ella. Compra y cocina productos saludables. Pero no digas nunca: “Voy a dejar de tomar carbohidratos durante algún tiempo”. Tu hija no debe pensar que los carbohidratos son malos, porque si te avergüenzas de lo que comes, acabarás avergonzándote de ti misma.

Anima a tu hija a correr porque así se libera estrés. Anímala a subir montañas porque no hay un sitio mejor para explorar la espiritualidad que en la cima del mundo. Anímala a hacer surf o escalada, o a montar en bici de montaña si son cosas que le dan miedo, porque a veces es bueno enfrentarse a los temores.

Haz todo lo posible por que le guste el fútbol o el remo o el hockey, porque el deporte le ayudará a ser una mejor líder, y una mujer más segura de sí misma. Explícale que, independientemente de la edad que se tenga, el trabajo en equipo es siempre necesario. Nunca le hagas practicar un deporte que no le encante.

Demuéstrale a tu hija que las mujeres no necesitan a ningún hombre para cambiar los muebles de sitio.

Enseña a tu hija a cocinar verduras.

Enseña a tu hija a hacer pasteles de chocolate con mantequilla.

Pásale la receta de tu madre del roscón de reyes. Incúlcale tu pasión por el aire libre.

Quizás tanto tú como tu hija tengáis unos muslos o un tórax anchos, y pudiera resultaros fácil odiar estas partes del cuerpo. Ni se te ocurra. Dile a tu hija que con sus piernas puede correr un maratón si así lo desea, y que el tórax no es más que el armazón de unos pulmones fuertes y que si quiere, puede gritar, cantar y animar al mundo entero.

Recuérdale a tu hija que lo mejor que puede hacer con su cuerpo es usarlo como un vehículo para transportar su preciosa alma.

                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                   Sara Koppelkam

 

 

 

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