Reflexiones

Las crisis son oportunidades para un cambio a mejor

Crisis…oportunidad….

Maite, haz algo útil y valioso de todo esto… Era la vocecilla que una parte de mí repetía sin cesar a lo largo de este tiempo en el que he vivido una gran convulsión en muchas parcelas de mi vida.

El cambio es algo natural en los seres vivos. Los grandes maestros afirman que en la naturaleza todo lo que no está creciendo, se está muriendo. Sin embargo,  las personas, en mayor o menor grado, tenemos cierta alergia al cambio y nos resistimos a él.

Pero tal y como Rut Nieves afirma en su libro, “Haz tus sueños realidad”:

A veces es necesario que una relación muera para que una nueva vuelva a nacer.

A veces es necesario que lo viejo se rompa para construir algo nuevo más grande y más bello.

A veces es necesario tirar todo lo que el ego ha levantado para poder levantar una nueva vida sobre los cimientos del amor, del perdón, de la dicha, de la abundancia y de la verdad.

A veces es necesario que el pasado  muera para que un nuevo futuro pueda nacer.

A lo largo de todo este año que hoy finaliza he estado muy callada, al menos en este espacio,  pero a la vez muy atenta a todo lo que se iba moviendo dentro de mí, para así poder hacer caso a esa vocecilla que me repetía, sin cesar, que algo bueno debía de salir de todo el fango emocional por el que he transitado.

De este modo, he tratado de poner conciencia, pudiéndome dar  cuenta de mis patrones repetidos tantas y tantas veces. De mis creencias limitantes. De lo que pasaba en mi cuerpo, no sólo en mi mente. De mis emociones.

Y no he salido huyendo como en otras ocasiones. Y es que con los años me fui convirtiendo  en escapista profesional, pensando que así evitaba el dolor y el trago amargo,  sin darme cuenta de que no pasaba mucho tiempo para encontrar ante mí un vaso de contenido parecido. Y es que todo aquello de lo que huimos, sin resolver, se repite. No he evitado, no he negado, he estado ahí, sosteniéndome unas veces mejor que otras.

He pedido ayuda para poder comprender e integrar todo lo vivido, y he aprendido muchísimo. Este aprendizaje es lo que quiero compartir contigo a partir de hoy.

En este sentido, 2019 va a ser otro año de cambio. Esta vez los reflejos del cambio se van plasmar en mi trabajo, de modo que este blog permanecerá “callado” durante un tiempo más, hasta que pueda conseguir plasmar lo que mi vocecita sabia me aconsejaba… Maite haz algo útil y valioso de todo esto.

De momento, te  dejo un vídeo muy casero, que he creado con la ayuda de mi hija Libe, que representa cómo las emociones nos inundan, y se van sucediendo como las estaciones del año…

Y es que las crisis son oportunidades para un cambio a mejor. De hecho, el momento más oscuro es justo antes del amanecer…Tan sólo tenemos que permanecer en él siendo  conscientes de que eso también pasará.

Feliz Año Nuevo!

Las alas de la mariposa

Me encanta todo lo que publica la  Editorial Comanegra sobre crecimiento personal  en su colección Emociones .

Se trata de  pequeños relatos a modo de cuentos con moraleja,  que se leen muy fácilmente y en los que siempre encuentro pequeñas perlas que atesoro con emoción.

La primera perla que encontré en Las alas de la mariposa fue su propio  epígrafe: El momento más oscuro es justo antes del amanecer… –sabio y  esperanzador pensé-.

Compré el libro sin leer nada más a cerca del tipo de oscuridad a la que se referiría el relato, y me encontré con un relato a cerca de la ansiedad que pretende “despertar”  a aquellos a los que la ansiedad haya llamado a sus puertas.

Aquí te dejo con algunas de las perlas:

 Cuando estamos perdidos, debemos encontrar mejores preguntas, no mejores respuestas

Sin la oscuridad nunca veríamos las estrellas…

Para mí la amenaza era vivir una vida anestesiada, saber que estaba viviendo a medias…

El sufrimiento de la crisálida es lo que le da la fuerza para que al transformarse en mariposa sus alas puedan volar…

En mitad del invierno encontré en mí un verano invencible….

La ley del espejo

La vida es un espejo que refleja nuestro corazón, de modo que si nos llenamos el interior de insatisfacción cada vez ocurrirán más acontecimientos que quieran expresar ese descontento.

Y al contrario, si tenemos el corazón lleno de agradecimiento, ocurrirán más acontecimientos que nos harán sentir más agradecimiento.

Me encantan las historias sencillas que contienen enseñanzas muy complejas y en este pequeño libro, Yoshinori Noguchi,  nos presenta una ley inspirada en la filosofía oriental, la ley del espejo, una sencilla ley que nos ayuda a comprender cómo la realidad de nuestra vida es un reflejo de lo que se debate en nuestro interior, siendo esto último la causa de los problemas que se nos presentan en la vida.

Y tú…¿Qué practicas a diario?

Desde  que estudiaba Psicología me ha apasionado el funcionamiento del cerebro. Hoy en día,  movida por el auge de las neurociencias, he vuelto a  retomar su estudio y he podido constatar como  algunos planteamientos que se manejaban entonces, siguen teniendo validez. Sin embargo, otros se han desechado por completo,  como aquel  que afirmaba que nacíamos con un determinado número de neuronas, y que aquellas que morían no se recuperaban jamás.  La neurogénesis contradice esta teoría.

Aunque los neurocientíficos aseguran que aún queda muchísimo por conocer acerca del funcionamiento de este misterioso órgano, son enormes los descubrimientos que se han realizado en este campo, como la neuroplasticidad, la neurogénesis , el funcionamiento de las neuronas espejo, y muchísimos otros.

Uno de los capítulos que me resulta enormemente apasionante es el referido al modo en el que aprende nuestro cerebro. Y es que al parecer, cuando aprendemos algo nuevo, da igual que se trate de una nueva habilidad, una conducta, una respuesta o una actitud,  en nuestro cerebro se crea una especie de canal o circuito neuronal que se hace más potente cuanto más repitamos aquello que queramos aprender.

Utilizando un símil, podría decirse que la repetición es lo que hace que ese circuito  pase de ser un camino apenas imperceptible, a convertirse en una autopista con muchos carriles, y por la que vamos circulando sin pensar, de modo automático.

Prem Rawat  lo expresa así:

Algunas personas pasan la mayor parte de su vida irritadas. Todo las enfurece.

El problema es que si lo practicas todos los días, acabarás siendo un experto en irritarte. De hecho, terminarás siendo un experto en cualquier cosa que practiques a diario, sea lo que sea.

Si practicas la comprensión, te harás experto en comprensión, pero si practicas la ira, lo que perfeccionaras será la ira.

Si actuamos la mayor parte del tiempo de forma inconsciente, la inconsciencia llegará a ser la respuesta automática en nuestra vida.

¿En qué quieres llegar a ser experto?

Personalmente creo que somos algo más que funcionamiento cerebral,  y que existen más factores (bio-psico-sociales) que determinan nuestros aprendizajes. Sin embargo, es un hecho  innegable que un hábito se crea a base de repetición sistemática, y que sabiendo esto es muy importante ser conscientes de que aquello que repitamos a diario, se convertirá en una hábito.

Si  en algún momento de su vida te  has planteado dejar un hábito,  habrás podido vivir en carne propia la enorme dificultad que esto entraña. La neuroplasticidad nos ofrece una buena explicación de este fenómeno, y es que una vez creados estos circuitos neuronales a los que me refería más arriba, resulta muy complicado cambiar el cableado del cerebro. Sin embargo, es relativamente fácil desarrollar nuevas conexiones.

Y… ¿cómo genero nuevas conexiones?… te preguntarás. La respuesta es bien sencilla: repitiendo, repitiendo y repitiendo

Este niño sabio sabe muy bien como funcionamos, así que escucha atentamente:

Cuando el desierto florece

Una  cuidada edición y el título de la obra captaron  mi atención de inmediato, echando un vistazo en la contraportada  alcancé a leer: Estar vivo es lo único que necesitas para ser feliz… una única frase me vastó para hacerme con este pequeño gran libro.

Ayudado de historias y bonitas ilustraciones, el autor es capaz de hacer algo muy complejo como es el hecho de tratar cuestiones existenciales muy profundas, tales como la vida, la gratitud, quien eres, las decisiones… con una enorme sencillez.

Un libro de esos para leerlo muchas veces y para hacer un buen regalo.

 

 

 

 

Remember when we were young

Melancolía…nostalgia… mirada  volcada hacia el interior…  Quizá sea la  llegada del otoño con su luz especial la responsable de este tono emocional. Y es que esta estación supone la despedida de la ligereza y despreocupación propias del verano, y  es a la vez un comienzo: un nuevo curso, nuevos proyectos, nuevos propósitos…. Algo que se va y algo que llega…este es el continuo baile que supone  la vida.

Creo que uno de los grandes capítulos en esta tarea que supone  el  “bien vivir” y el entregar  a la vida aquello que tenemos para entregarle, como lo expresa Joan Garriga,  trata precisamente de esto: soltar lo que ya no es para  poder dar cabida a lo que sí es ahora.

Si nos detenemos a indagar dentro de ese gran capítulo, podemos encontrar un gran apartado que para mí ocupa un lugar destacado por su  enorme relevancia, es el que lleva por título “madurar”.

Estoy convencida de que cada uno de nosotros podría dar una definición diferente a cerca de lo que entiende por madurar, y probablemente todas serían igualmente válidas. Desde aquellas visiones  que se centran en el hecho de cumplir años, tener mucha experiencia en la vida, ser más responsables, e incluso aburridos,  hasta aquellas otras que enfatizan el hecho de que madurar implica tomar las riendas de la vida de cada uno,  decidir y actuar con libertad personal,  permitirse ser auténtico y genuino… etcétera.

Todos ellos son los grandes aprendizajes que nos toca realizar a todos aquellos que aspiramos a ser adultos de verdad,  pero hay uno que aún no he nombrado, que es el que me ha llevado a escribir esta entrada, y es que madurar también es tomar conciencia  de que el tiempo es limitado, de que tal y como refería al comienzo de este post, hemos de aprender a soltar para poder agarrar lo que llega, y de que no hemos de esperar a mañana para llevar a cabo aquello que queremos hacer.

Cuando uno es  muy joven vive en la fantasía de que será siempre joven y  vivirá eternamente, tal y como rezaba el título de la canción que tanto me gustaba de adolescente “Forever Young”, de Alphaville. Fruto de esa creencia surge el típico patrón de postergar o esperar a que pase el tiempo para que llegue tal o cual día, la desidia…

Desprenderse de ese pensamiento forma parte del trabajo realizado en  muchos de los procesos personales que he tenido la suerte de acompañar, incluido el mío propio. En este sentido, pese a mis 46 años, he de decir que estoy en ello. Que todavía en ocasiones aún me invade la melancolía y la nostalgia de aquella Maite que vivía  sin grandes responsabilidades, y que sin ser consciente de ello creía que sería eternamente joven.

Cuando tomamos conciencia de que el tiempo es limitado, y de que cada uno de nosotros tenemos un deber con la propia vida, que consiste en dar a cada instante lo mejor de nosotros mismos, algo maravilloso sucede y es que comienzas a contemplar cada día, independientemente de que sea lunes o sábado, como un gran regalo al que llenar de sentido y eso, en mi idioma, es “madurar”.

Así pues,  hemos de dejar marchar aquella etapa tan bonita que ya fue,  para que lo nuevo pueda entrar y ocupar su lugar, teniendo presente que siempre podremos recordar cuando éramos jóvenes…

Espero que disfrutes de la canción:

 

 

 

 

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