Reflexiones

Remember when we were young

Melancolía…nostalgia… mirada  volcada hacia el interior…  Quizá sea la  llegada del otoño con su luz especial la responsable de este tono emocional. Y es que esta estación supone la despedida de la ligereza y despreocupación propias del verano, y  es a la vez un comienzo: un nuevo curso, nuevos proyectos, nuevos propósitos…. Algo que se va y algo que llega…este es el continuo baile que supone  la vida.

Creo que uno de los grandes capítulos en esta tarea que supone  el  “bien vivir” y el entregar  a la vida aquello que tenemos para entregarle, como lo expresa Joan Garriga,  trata precisamente de esto: soltar lo que ya no es para  poder dar cabida a lo que sí es ahora.

Si nos detenemos a indagar dentro de ese gran capítulo, podemos encontrar un gran apartado que para mí ocupa un lugar destacado por su  enorme relevancia, es el que lleva por título “madurar”.

Estoy convencida de que cada uno de nosotros podría dar una definición diferente a cerca de lo que entiende por madurar, y probablemente todas serían igualmente válidas. Desde aquellas visiones  que se centran en el hecho de cumplir años, tener mucha experiencia en la vida, ser más responsables, e incluso aburridos,  hasta aquellas otras que enfatizan el hecho de que madurar implica tomar las riendas de la vida de cada uno,  decidir y actuar con libertad personal,  permitirse ser auténtico y genuino… etcétera.

Todos ellos son los grandes aprendizajes que nos toca realizar a todos aquellos que aspiramos a ser adultos de verdad,  pero hay uno que aún no he nombrado, que es el que me ha llevado a escribir esta entrada, y es que madurar también es tomar conciencia  de que el tiempo es limitado, de que tal y como refería al comienzo de este post, hemos de aprender a soltar para poder agarrar lo que llega, y de que no hemos de esperar a mañana para llevar a cabo aquello que queremos hacer.

Cuando uno es  muy joven vive en la fantasía de que será siempre joven y  vivirá eternamente, tal y como rezaba el título de la canción que tanto me gustaba de adolescente “Forever Young”, de Alphaville. Fruto de esa creencia surge el típico patrón de postergar o esperar a que pase el tiempo para que llegue tal o cual día, la desidia…

Desprenderse de ese pensamiento forma parte del trabajo realizado en  muchos de los procesos personales que he tenido la suerte de acompañar, incluido el mío propio. En este sentido, pese a mis 46 años, he de decir que estoy en ello. Que todavía en ocasiones aún me invade la melancolía y la nostalgia de aquella Maite que vivía  sin grandes responsabilidades, y que sin ser consciente de ello creía que sería eternamente joven.

Cuando tomamos conciencia de que el tiempo es limitado, y de que cada uno de nosotros tenemos un deber con la propia vida, que consiste en dar a cada instante lo mejor de nosotros mismos, algo maravilloso sucede y es que comienzas a contemplar cada día, independientemente de que sea lunes o sábado, como un gran regalo al que llenar de sentido y eso, en mi idioma, es “madurar”.

Así pues,  hemos de dejar marchar aquella etapa tan bonita que ya fue,  para que lo nuevo pueda entrar y ocupar su lugar, teniendo presente que siempre podremos recordar cuando éramos jóvenes…

Espero que disfrutes de la canción:

 

 

 

 

Rutinitis aguda

– Probablemente padece usted de algún tipo de rutinitis aguda.

– ¿De qué?

– Rutinitis aguda. Es una afección del alma que afecta a cada vez más gente del mundo, sobre todo en Occidente. Los síntomas son casi siempre los mismos: disminución de la motivación, melancolía crónica, pérdida de referencias y de sentido, dificultad para ser feliz pese a la abundancia de bienes materiales, desencanto, lasitud…

-¿Cómo sabe usted todo eso?

-Porque soy rutinólogo.

Personalmente no soy muy amiga de los libros de autoayuda, pero siempre que acudo a una librería me detengo en esta sección, y echo un vistazo para ver lo que se publica. La portada y el título de esta obra captaron de inmediato mi atención, así que decidí abrirlo en una página al azar, y este diálogo hizo que la comprara inmediatamente.

Ha sido todo un gusto leerlo, no sólo por que se aleja bastante del tipo de formato de autoayuda y psicología positiva,  ya que está narrada en forma de novela, sino porque considero que  hace la gran labor de normalizar el hecho de acudir a un profesional cuando uno siente que su vida no es como le gustaría que fuera.

Personalmente jamás me definiría como rutinóloga, ya que el termino me parece un tanto extravagante. Sin embargo, siento que refleja fielmente la esencia de mi trabajo al dibujar con gran detalle un perfil, cada vez más habitual en estos tiempos que nos ha tocado vivir. Un síndrome, que sin ser una depresión, hace que  experimentemos una desagradable sensación de vacío y melancolía, junto a la frustrante sensación de estar desperdiciando la vida sabiendo  que en principio tenemos todo lo que necesitamos para ser feliz, pero no la clave para poder hacerlo.

En su interior encontrarás perlas como esta:

Necesitamos razones para vivir tanto como tener de que vivir

¿Mala suerte? ¿Buena suerte? ¿Quién sabe?

Había un anciano labrador que tenía un viejo caballo para cultivar sus campos. Un día el caballo escapó a las montañas. Cuando los vecinos del labrador se acercaron para condolerse con él y lamentar su desgracia, el labrador replicó:

–  ¿Mala suerte? ¿Buena suerte? ¿Quién sabe?

Una semana después, el rocín volvió de las montañas trayendo consigo una manada de caballos salvajes. entonces los vecinos felicitaron al labrador por su buena suerte. Este les respondió:

–  ¿Buena suerte? ¿Mala suerte? ¿Quién sabe?

Cuando su hijo intentó domar uno de aquellos caballos salvajes, cayó y se rompió una pierna. Todo el mundo consideró esto como una desgracia. No así el labrador quien se limitó a decir:

–  ¿Mala suerte? ¿Buena suerte? ¿Quién sabe?

Una semana mas tarde, el ejercito entró en el poblado y fueron reclutados todos los jóvenes que se encontraban en buenas condiciones. Cuando vieron al hijo del labrador con la pierna rota, le dejaron tranquilo. ¿Había sido buena suerte? ¿Mala suerte? ¿Quién sabe?

Fruto de mi desarrollo personal  y profesional, y enormemente ayudada por los avatares que van llegando a mi vida, siento la necesidad de buscar la sencillez y la simplicidad en casi todo, desde los libros que leo hasta la visión que adopto para abordar todo aquello que sucede, Keep it simple!, tal y como reza esta expresión tan de moda.

Este será  uno de los motivos  por los  que, últimamente,me siento  muy atraída por las enseñanzas que encierran este tipo de cuentos de la filosofía zen, las fábulas o los cuentos sufís. En los que normalmente se ponen de manifiesto los contrasentidos en los que caemos  y  muchas veces conectan con lo absurdo de hacer complicado lo que de manera natural es sencillo.

El cuento nos sitúa frente esa tendencia tan arraigada en nuestra cultura de establecer juicios de valor ante los acontecimientos que llegan a nuestra vida, lo que en mi opinión, representa  uno de los mayores proveedores de sufrimiento. Pese a que sabemos que el dolor al igual que la dicha forma parte de la vida, de que la vida no es ni justa ni injusta,  si no que la vida es lo que es, Vida, a nadie nos gusta pasar por experiencias dolorosas ni que las personas que nos importan lo hagan.

Por experiencia propia y la que vivo como profesional, ese juicio que hacemos basado en bueno o malo…positivo o negativo…justo o injusto… es en muchas ocasiones el caldo de cultivo ideal para que el dolor natural ante una circunstancia determinada, en lugar de disolverse se convierta en sufrimiento, el cual va degenerando en angustia, ansiedad, depresión…

Parece cierto, que en ocasiones la vida nos tiene preparadas sorpresas con enormes lazos que jamás hubiéramos escogido si hubiéramos podido elegir, Sin embargo, no es menos cierto que esas mismas  sorpresas son las que descubren versiones de nosotros mismos que de otro modo difícilmente hubieran salido a la luz y las que nos proporcionan una inmensa fuente de aprendizaje, y nos hacen crecer.

De esta manera, antes de emitir un juicio sobre los acontecimientos que la vida nos regala, sería muy interesante detenernos un instante y al igual que hace el labrador del cuento, decirnos a nosotros mismos:

                                         …¿Buena suerte? ¿Mala suerte? ¿Quién sabe?

 

 

 

 

Lo entregado al no

“Lo entregado al no”, había tomado aquel  título de una antigua creencia de la mitología vasca que hablaba de la sustancia gris de la que se alimentaba el mal. Decía la leyenda que todo aquello que siendo real negamos con una mentira se disolvía hasta transparentarse, hasta desaparecer, y pasaba a ser el alimento con el que se nutría el mal. Cuando un campesino mentía y negaba haber tenido una gran cosecha, la parte negada pasaba al mal. Si le habían nacido diez terneros y cuando se lo preguntaban decía que sólo habían sido cuatro, los otros seis pasaban al mal y hasta era probable que terminasen muriendo, pero lo  mismo ocurría cuando se negaba a la mujer amada o a un hijo bastardo o esa riqueza oculta que se desmentía tras ser preguntados. Todo lo negado se convertía en el alimento para el mal y,  su legítimo dueño había renunciado a él, terminaba por desaparecer para que la parte oscura del universo se cobrara su pago.  (Extracto de la novela de María Dolores Redondo Todo esto te daré)

El objetivo de esta entrada no es hacer una reseña sobre la última novela de María Dolores Redondo. Sin embargo, este fragmento de la novela me hizo reflexionar.

No destriparé la novela en absoluto, simplemente por contextualizar, decir que “Lo entregado al no” es el título de una novela dentro de la novela escrita por el protagonista, el cual hace la promesa a su hermana de que tras su muerte no la convertiría en  motivo de dolor. De este modo, fiel a su promesa, no elabora el duelo por su pérdida y algunos años más tarde comienza a ser consciente de que se le estaba olvidando todo de ella: su cara, su olor, su risa…Todo… Dándose cuenta de como en su empeño de negar el dolor, “se lo había entregado al no”, tal y como señalaba la creencia de la mitología vasca, y el “no” lo estaba devorando hasta hacer desaparecer su recuerdo, como si jamás hubiese existido.Este es el motivo que le lleva a escribir una novela con ese título para hablar de todo lo que no había querido hablar y para poner nombre a lo que no había querido nombrar.

Siento una especial atracción por la sabiduría ancestral que esconden los mitos, las leyendas o  las fábulas. Conectan con esa parte de mí a la que le gusta imaginar, y  a además me fascina el poder que tienen para transmitir complejos  aspectos relacionados con la condición huma de una manera sencilla y clara.

Por este motivo me atrapó eso de “la sustancia gris de la que se alimentaba el mal” como manera de explicar el mecanismo por el cual todo eso que negamos termina por desaparecer.

En este punto detuve mi lectura, ya que multitud de ejemplos de todo lo que una persona puede “entregar al no” comenzaron a acudir a mi mente: negar que  es válida… creativa… inteligente…guapa…buena… honesta, merecedora de amor… Así hasta un sinfín de aspectos que conforman lo que los psicólogos llámanos autoconcepto.De modo que todo aquello que ha sido entregado al no  jamás podrá ver la luz,  no podrá manifestarse, y si en algún momento lo hizo,  desaparecerá al igual que ocurre con los recuerdos del protagonista.

Sin duda una manera bastante poética de contemplar que al menos una  parte de mi trabajo consiste en  ayudar a rescatar todo aquello que una vez fue entregado al no,y engullido por él para que comience a hacerse bien visible, y poder brillar…

 

 

 

 

 

Corazón de Cebolla

Había una vez un huerto lleno de hortalizas, árboles frutales y toda clase de plantas. Como todos los huertos, era fresco y agradable. Por eso daba gusto sentarse a la sombra de cualquier árbol  a contemplar todo aquel verdor y escuchar el canto de los pájaros.

Un buen día empezaron a nacer unas cebollas especiales. Cada una tenía un color diferente:rojo, amarillo, azul, verde…

El caso es que los colores eran tan deslumbrantes que a todos llamaban la atención y quisieron saber la causa de tan misterioso resplandor. Después de grandes investigaciones lograron descubrir que cada cebolla tenía dentro, en el mismo corazón, una piedra preciosa.

Una tenía una esmeralda, la otra un rubí, la otra un topacio, y así sucesivamente.

¡Una verdadera maravilla!

Pero por alguna razón incomprensible, aquello se vio como algo peligroso e intolerable. Total, que las bellísimas cebollas tuvieron que empezar a esconder su íntima piedra preciosa. Pusieron capas y más capas, para cubrirla, para disimular cómo eran por dentro.

Algunas cebollas llegaron a tener tantas capas que ya no se acordaban de lo hermoso que ocultaban debajo.

Algunas tampoco recordaban por qué se habían puesto las primeras capas.

Poco a poco fueron convirtiéndose en unas cebollas comunes, sin ese encanto especial que tenían.

Un día pasó por allí una niña que gustaba sentarse a la sombra del huerto. Su inocencia le permitía descubrir lo que había en lo profundo de las cebollas y entender su lenguaje. Comenzó a preguntarle a cada una:

– ¿Por qué no eres por fuera como eres por dentro?

Y ellas iban diciendo:

–  Me obligaron a ser así.

-Me fueron poniendo capas.

-Yo misma me puse algunas capas para ocultar mi piedra preciosa.

Ante estas respuestas, la niña entristeció y comenzó a llorar.

Desde entonces todo el mundo llora cuando una cebolla nos abre el corazón…

Cuento extraído del libro de Christian Selys, El pescador de Mentes.

Lo Más Vital

Siempre hay algo nuevo que podemos aprender en cualquier circunstancia, tan sólo tenemos que estar atentos. Acabo de incorporarme a la normalidad después de haber estado en casa “pasando” el virus de la gripe a la vez que mis dos hijas, y  aunque la experiencia no haya sido demasiado grata, ha habido momentos para todo.

Al menos por unos días, el concepto tiempo ha dejado de tener la importancia que a diario le concedo, y eso me ha encantado. No teníamos nada que hacer, tampoco ningún sitio al que tener que acudir,  más allá que del sofá a la cama y viceversa. Y dentro de esta indefinición temporal hemos vuelto a ver casi toda la filmografía infantil que tenemos en casa.

Uno de los días, viendo el libro de la Selva,  presté especial atención a la letra de la canción  “lo más vital” y me pareció fascinante. No sólo porque Baloo me encanta en sí mismo, sino por que sus palabras son pura sabiduría,  recuerdan la tesis de muchas tradiciones espirituales a cerca de que La Vida nos da todo lo que necesitamos a cada instante ¿No te parece?

…Tan solo lo muy esencial para vivir sin batallar…Si buscas lo mas esencial Sin nada mas que ambicionar… Mamá naturaleza te lo da…

Genial Baloo!!

 

 

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